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Archive for the ‘Budapest (Hungría) 2012’ Category

Ya de vuelta, sentado frente al ordenador, recuerdo estos cinco días con cariño. Budapest es una ciudad preciosa, maravillosa para pasear y perderse por el centro sin rumbo fijo. El Danubio te da una referencia esencial, y a partir de ahí puedes ir perdiéndote y descubriendo un precioso parque, una asombrosa fachada “art nouveau”, un monumento conmemorativo de la guerra mundial o un político importante, o puede aparecer la imagen de esos bonitos tranvías amarillos frente a ti… y si te cansas, nada mejor que entrar a una de todas esas cafeterías con encanto que llenan sus calles para tomarte algo por la tarde.

Antes de venir, con pocas referencias reales, pensé que me encontraría una ciudad de casitas de cuento centroeuropeo… pero no, Budapest es una señora ciudad con sus grandes edificios y su ambiente señorial, con el Parlamento, la Opera, la Catedral o el Palacio Real… y me ha encantado.

El Danubio es su eje, su columna vertebral, y para mi una maravilla para saborear.  Inevitablemente acabas a su lado varias veces al día. Eso si, descubriendo cada vez una vista diferente, ya sea en el lado de Buda, en el de Pest… o cruzando alguno de sus maravillosos puentes.

Es un sitio fantástico para pasar 3 días completos y encima se ha portado tan bien con nosotros que nos ha ofrecido solecito casi todos los días… Ah! Y si vais no olvidéis dejaros unas horas para visitar un balneario!!

La compañía ha sido, como siempre, la mejor posible. Teresa aguanta mis venazos y comparte mi pasión, que también es la suya… una GRAN SUERTE poder compartir mis viajes y mi vida con ella!

Una vez más hemos viajado con la ilusión de la primera vez, con la mente abierta para mirar y aprender antes que juzgar, y no podemos más que estar contentos y felices con lo que hemos encontrado… ahora es momento ya para recordar este y para que nuestra ilusión empiece a maquinar próximos proyectos.

Por muy malas que sean las noticias de esta endemoniada crisis que parece que no remite, y que se empeña en responsabilizar a la gente normal como yo, que no tenemos culpa de nada, yo seguiré buscando la manera, pues lo que no conseguirán es quitarme la ilusión… Hasta la próxima,

   David

Toca hacer balance de nuestro paso por Budapest… han sido unos días fantásticos en los que hemos exprimido al máximo lo que esta ciudad tan bonita ofrece a los que la visitan. Budapest es una ciudad cómoda, digna de pasear y pasear horas y horas… Lo cierto es que Hungría nunca me había llamado especialmente la atención y su capital ha sido todo un descubrimiento. Las personas que la visitan dicen que les suele recordar a Praga… bajo mi punto de vista Budapest es mucho más cosmopolita, en ella se respira otro ambiente diferente. Tiene un halo de misterio y de tristeza que es muy atrayente, y sin duda el inmenso Danubio la hace todavía más especial si cabe. Si no la habéis visitado no dudéis en hacerlo!

Cerramos el capítulo de Budapest y miramos al futuro con ilusión, algo que en estos tiempos puede suponer todo un reto aunque con David siempre es más fácil ver el vaso medio lleno que medio vacío y la vida se vuelve mucho más alegre, siempre! Todavía sigo sin creerme la suerte que tengo… 🙂

Vendrán tiempos mejores, seguro… y seguro que vendrán acompañados de viajes en los que conocer nuevos lugares, nuevas gentes y crecer… y vivir…! Nos leemos pronto,

Teresa

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Hoy Budapest nos ha despedido con un día gris y plomizo… suponemos que mucho más normal que los días soleados que hemos disfrutado por aquí. El caso es que entre las opciones que teníamos, hemos decidido optar por la más relajada y atractiva en lo que a cuidarse se refiere: ¡visitar unos baños termales!

Pensábamos ir al Gellert, pero al ver que no es mixto nos hemos decantado por el Balneario Széchenyi, así que hemos desayunado y cogido el metro (L1) que nos ha dejado en la puerta.¡Es importante avisar de que hay que llevar toalla, bañador y chanclas… ¡de lo contrario has de alquilarlo! La entrada es para todo el día y cuesta 3400fl (11,5eu)

Tiene 3 grandes piscinas exteriores y unas cuantas interiores… nosotros nos dirigimos a las primeras, una de las cuales está a 38ºC! Es decir… ¡¡muy calentita!!

Meterte en ellas es una gozada, y más cuando fuera hace un poco de fresquito, como era el caso… aunque no nos podemos hacer una idea de cuando se visiten estando a 0 grados!!!

Nos relajamos entre el vapor que sale y todas las propiedades de sus aguas, que parece que son muy buenas para las articulaciones e inflamaciones. Allí había gente de charreta, leyendo, e incluso jugando al ajedrez dentro del agua… típica imagen del balneario.

Sin darnos cuenta nos pasaron más de dos horas y no tuvimos más remedio que recoger bártulos e irnos a comer alguna cosa… por cierto, cerca de Opera comimos en un sitio muy apañao con comida muy buena: Két Szerecsen.

De ahí ya al aeropuerto (en taxi 5800fl = 20 euros, tarifa fija) y sin darnos cuenta volábamos en Ryanair dirección Madrid… Por cierto, mención especial al graciosillo del sobrecargo de Ryanair… sus tres primeras tonterías fueron graciosas, pero a partir de ahí…buff!! Debe ser la crisis que lo tiene desquiciado, como a casi todos…

Y ya en Madrid, perfecta y eficiente recogida de los del parking Lomcar y camino a Valencia para volver a la cotidianidad…

Antes de acabar, pondremos unas fotos más, una pequeña muestra de preciosos detalles que te vas encontrando al pasear por las calles de esta preciosa ciudad y que nos han llamado la atención…

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Ayer por la noche por fin fuimos a un buen restaurante de comida tradicional húngara, cuyo impronunciable nombre “Zsakbamacskához” no fue ningún problema para disfrutar de una buenísima cena con un vinito de la tierra (Vincze) aconsejado por el camarero. Primero disfrutamos de una sopa similar al gulash que nos entró de maravilla y después nos pedimos dos platos de carne (de raciones generosas) uno de pato con salsa de ciruelas y otro de ciervo con salsa de merlot… en fin, para chuparse los dedos!

Hoy nos hemos levantado con el día un poco nublado, decididos a tomárnoslo con más calma para no acabar con demasiado dolor de pies. Nuestra primera visita ha sido a la Sinagoga, según parece la segunda más grande del mundo después de la de New York. Lástima que estuviera cerrada la entrada al templo por ser Pascua, pero aún así hemos podido hacer una visita guiada bastante interesante por fuera donde nos han hablado de la historia del edificio, hemos visitado el cementerio (te pone los pelos de punta pensar que allí mismo mataron a casi 3.000 judíos que están enterrados en fosas comunes), un museo y un precioso memorial plateado con forma de árbol, llamado “El Árbol de la Vida”. La visita en general nos ha dejado un tanto afectados, ya que la historia de los asesinados allí es bastante dura…

De allí nos hemos cogido el tranvía amarillo, de esos que invaden la ciudad y son tan fotogénicos, hacia el Puente de la Libertad. Nuestra primera idea ha sido visitar la colina de Gellert pero desde abajo podíamos ver perfectamente el “Monumento a la libertad” que lo preside, en el que la protagonista es una mujer con una hoja de palmera y, al parecer, es muy valorado por los habitantes de Budapest. Entre esto y que se acercaba la hora de comer, finalmente nos hemos centrado en contemplar el precioso “Puente de la Libertad”. Data de 1896 y es una auténtica pasada! Es grandioso con una estructura de metal verde muy llamativo, el cual es además muy fotogénico. De hecho casi nos ha gustado más que el famoso puente de las Cadenas…


Cruzando el puente hemos llegado al Gran Mercado de Budapest, con su impresionante fachada y sus tejados amarillos y nos hemos entretenido un buen rato observando cada puesto… ya sabéis que las cuestiones gastronómicas nos interesan mucho a ambos, jejeje. Así que entre puestos de embutidos variados (algunos conocidos, otros ni idea, pero todos con un olor fuerte y rico), de especies entre las que reina la paprika (muy utilizada en la elaboración de los platos de toda Hungría) y demás puestecillos de comida hemos pasado un buen rato.

De ahí nos hemos ido a comer y nada más terminar hemos cogido otro tranvía hacia el Parlamento para visitar otro memorial que teníamos pendiente: los “Zapatos en el Danubio”, que rinde homenaje a los judíos húngaros fusilados y arrojados al Danubio por los fascistas húngaros. Su sencillez y cotidianeidad contrasta con la sensación de casi vivir el momento en que fueron arrojados. Sobrecoge…

Y ya a estas alturas, con el cupo de memoriales cubierto, hemos pensado que lo mejor sería descansar un poco para dar una vuelta de noche, pero antes, aprovechando que pasábamos cerca de la Catedral, hemos subido a la Cúpula (500fl que son menos de 2euros) donde hay unas vistas de la ciudad muy bonitas. Y al bajar, tras pasar por delante de dos tiendas de vinitos, no nos hemos podido resistir a entrar en la tercera, un elegante “Wine bar” donde hemos probado un par de vinitos del terreno, uno de ellos el “bikaner” (Sangre de Toro), muy famoso en Hungría.

Casi una horita descansando en el hotel nos ha sabido a gloria, hemos cogido fuerzas para después, ya de noche ir a dar una vuelta por el Danubio, cita totalmente obligatoria ya que sería un crimen irse sin verlo iluminado por la noche. Entre ello destaca, por su belleza, el Puente de las Cadenas o el Palacio Real a un lado en la colina, ambos maravillosamente iluminados…

Y con el hambre acumulado, no lo hemos hecho largo y nos hemos ido a cenar otra vez comida húngara, muy buena aunque el nivel era inferior al de la noche anterior, eso si, lo hemos rematado con un buen vinito dulce muy famoso aquí, el Tokaji, muy bueno.

Y así, casi sin darnos cuenta nos plantamos mañana en nuestro último día por tierras húngaras… por suerte podremos aprovechar la mañana antes de dirigirnos por la tarde al aeropuerto.

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Nos ha salido otro bonito y soleado día así que, ya con las tiendas abiertas y con más ambiente, hemos desayunado y empezado la jornada con mucho que ver y disfrutar. Tras darle muchas vueltas a la compra de la BudapestCard, hemos creído que no nos valía la pena y hemos comprado un pase de 24h de transporte (1550fl) que sale bien si te mueves un poco.

Nuestro primer objetivo: La colina del Castillo de Buda. La gente suele subir por un precioso funicular… ¡¡precioso y carísimo!! pero desde ese mismo lugar, se puede coger un bus público (nº16 o 16a) que te sube al mismo sitio, así que nos hemos ahorrado el gasto.

Una vez arriba hemos andado hacia el Palacio Real, que da al Danubio y tiene unas vistas realmente maravillosas del río, sus puentes y el Parlamento. Además alberga la Biblioteca Nacional, el Museo de Historia y la Galeria Nacional… pero con el día tan precioso y soleado no nos apetecia entrar a ningún museo, así que una vez le hemos dado la vuelta hemos seguido el camino.

Muy cerca hemos visto el Palacio Sandor, residencia del Presidente de la República, con unas grandes medidas de seguridad, y de allí nos hemos dirigido hacia una plaza, donde hemos comido un bocata y hemos provado el delicioso y típico dulce húngaro llamado Kurtoskalacs, un delicioso pan dulce de forma cilíndrica que está para chuparse los dedos.

Al lado mismo de esa plaza se encuentran las dos maravillas de la Colina, la Iglesia de San Matías por un lado, con un llamativo tejado de colores, y el bastión de los Pescadores por otro, llamado así porque estos se encargaron de la defensa este tramo de la muralla allá por el S.IX.

Nos hemos tomado nuestro tiempo para disfrutar de estas maravillas y después hemos seguido paseando hasta que hemos cogido un autobús para dirigirnos a la Casa del Terror, lugar donde primero la policia secreta nazi y después la soviética interrogaban y torturaban a los agitadores. El lugar es desolador, sobretodo la zona de las celdas, totalmente aterradora. Igualmente impactante es el tanque de la entrada con el muro con fotografias de las víctimas.

Mucho más gratificante y preciosa ha sido la visita al interior de la Opera, dónde una majísima guía nos ha hecho, durante una hora, un recorrido guiado en español.

Y ya una vez fuera, con los pies ya doloridos, hemos decidido hacer el último esfuerzo para coger el metro y dirigirnos al Parque Municipal, lugar dónde dar un paseo muy agradable, para ver la curiosa Estatua del Anónimo y la plaza de los Héroes con el monumento al Milenario.

Y a estas alturas ya no podíamos más con nuestra alma y nos hemos ido a tomar un cafetito antes de ducharnos y descansar un poco para ir a cenar.

Como ya toca, hemos decidido darnos un pequeño homenaje en un bonito restaurante de comida húngara. Veremos si el lugar es tan bueno como parece… esto os lo diremos mañana…

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Después de desayunar nos hemos decidido a salir a callejear mucho sin un objetivo demasiado definido. Eso si, en dirección al Danubio.

Nos hemos encontrado las calles bastante vacías, en las que se veían más turistas que otra cosa, debido a que hoy lunes de Pascua es fiesta en todo el país y prácticamente todo estaba cerrado… y aquí incluimos museos, restaurantes, tiendas, bares… casi todo.

Por tanto la sensación ha sido de una ciudad tranquila, claro. El hotel lo tenemos muy bien situado, justo al lado de la Opera, y de allí en apenas 5 minutos ya veíamos la espectacular cúpula de la Basílica de San Esteban.

Hemos decidido entrar y la verdad es que vale la pena, con un interior lleno de dorados muy llamativos. Queríamos subir a la cúpula pero había mucha cola y hemos preferido dejarlo para otro día. Parece que las vistas son espectaculares, así que tenemos intención de hacerlo.

 

De allí, directos en busca del río, donde hemos dado de lleno con el famoso y bonito Puente de las Cadenas, el más antiguo de la ciudad, el cual hemos cruzado con la admiración del primer contacto con el Danubio.

La inmensidad del río, junto con las vistas de las colinas de Buda por un lado, con el castillo y la ciudadela, y el otro con el precioso Parlamento destacando sobre todo lo demás es una postal para saborear tranquilamente, sin prisas. Y eso es lo que hemos hecho. Hemos decidido seguir la orilla del río tranquilamente, disfrutando del paseo y de las vistas hasta el siguiente puente. El día, fresquito pero soleado, desde luego ha acompañado, así que sin darnos cuenta llevabamos ya horas andando.

Lo malo ha sido para comer, no hemos encontrado casi nada abierto, así que hemos matado el hambre con cualquier cosa y después nos hemos acercado al Parlamento. Allí, en un parquecito donde la gente disfrutaba del solecito, hemos descansado y… ¡casi nos hemos dormido!

Los pies ya se quejaban, pero tras descansar aún hemos tenido fuerzas para seguir callejeando pasando por el monumento al ejército soviético, la estatua de Imre Nagy (primer ministro ejecutado tras el levantamiento de 1956)… y un montos más, pues la ciudad está repleta de monumentos y estatuas conmemorativas.

Se puede decir que no hemos parado de andar. Finalmente hemos hecho un último esfuerzo para llegar al hotel y descansar un poco nuestros doloridos pies. Eso si, de camino hemos encontrado un curioso y gracioso banco-piano en conmemoración a Liszt.

La sensación que nos ha quedado ha sido de una bonita ciudad con mucho encanto, asequible para pasear y perderse, pues tiene muchas cosas pero la mayoría están cerca unas de otras. Veremos mañana, con todo abierto, si esta tranquilidad que hemos respirado deja de ser tal…

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Ayer decidimos salir prontito de Valencia destino Madrid. El buen precio de un parking cerca de Barajas nos convenció para ir en coche y así, de paso, aprovechar el día en Madrid. El parking es Lomcar, y el precio 28euros por 5 días. Llegamos decididos a aprovechar el día así que fuimos a la antigua tabacalera para ver la maravillosa expo fotográfica, “Antología” de Gervasio Sanchez. Sus fotos no te dejan nunca indiferente, son una bofetada de realidad que te muestra la crudeza que existe en el mundo en que vivimos. Vale mucho la pena acercarse a verla, sin duda.

Comimos por el barrio de lavapies un rico cus-cus y aún nos dio tiempo para dar una vueltecita por Sol y acercarnos a la maravillosa Plaza Mayor y las calles que la rodean. De allí al parking llegamos en media hora y el trato, perfecto. Todo rodado y sin darnos cuenta estábamos ya volando hacia Budapest. La verdad es que el vuelo de poco menos de 3horas no se nos hizo pesado. Llegamos al aeropuerto de Budapest, con un fresquito importante pasadas las 23’30h y, claro está, las opciones se redujeron a una. Coger el shuttle, que aquí es un minibus, y que sale cuando hay suficiente gente que se dirige a la misma zona. Tuvimos que esperar poco, la verdad, a penas 15min, y en media hora más entrábamos en el hotel. Evidentemente no pudimos ver nada, directos a descansar y así hoy no nos hemos levantado tarde. Ahora vamos a desayunar y empezaremos a descubrir Budapest…

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El domingo salimos, vía Madrid, hacía nuestro nuevo destino. Esta vez la escapada pascuera aprovechando la nueva conexión low-cost que se ha quedado Ryanair, con un vuelo tirado de precio (105euros i/v) toca a la capital de Hungría, Budapest. No tenemos pensado salir de la ciudad, así que trataremos de descubrir todo su encanto. Es una ciudad a la que le teníamos muchas ganas. Como toda gran ciudad que se precie, su eje central es un río, y no uno cualquiera no… ¡¡EL DANUBIO!! No sé por qué pero siempre me han llamado mucho la atención las ciudades con un gran río con historia, mi sensación es que es el eje de la vida de esa ciudad, la sangre de esa tierra… y a este encima lo envuelve un halo de romanticismo comparable a pocos con sus preciosos puentes y sus maravillosas vistas.

La capital húngara nos ofrece dos ciudades en una, con una bella arquitectura, entre la que personalmente me llama mucho la atención el “Art Nouveau”; imprescindibles son los baños termales de época otomana a los que seguro que iremos o su gran castillo en la colina de Buda… y respecto a la comida… mmm… pues aún no lo sabemos muy bien, pero los que nos conocéis sabéis que le daremos la importancia que merece y lo descubriremos. Parece ser que se come bastante bien, que destacan los platos de carne y, sobretodo, el vino Sangre de Toro.
En fin, que estamos decididos a descubrir y disfrutar de una preciosa ciudad, con fama de ser la más bonita de Europa Central.
¡Seguro que no nos defrauda!

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