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Archive for the ‘Bélgica 2011-12’ Category

Desde que tuvimos noticias de este museo no dudamos que iríamos a visitarlo. Uno de los mejores museos de fotografía de Europa cerca de Bruselas…no nos podíamos resistir. El Musée de la Photographie de Charleroi. Así que, aprovechando un día lluvioso (cosa rara en Bruselas…si…jeje) cogimos un cómodo tren (10e ida y vuelta) en dirección a la estación Charleroi Sur.

Charleroi es famoso entre los viajeros por su aeropuerto low cost y poco más (que me perdonen los autóctonos si mi ignorancia es muy atrevida), así que nuestra visita se centró en visitar este fabuloso museo.

Justo a la salida de la estación hay una estación de autobuses en el que se puede coger el nº170 que, en 10 minutos, te deja casi en la puerta de este bonito convento neogótico de las Carmelitas del S.XIX, reformado y convertido en museo de fotografía.

El museo, que cumple su 25 Aniversario este año, realiza un completo repaso por la historia de la fotografía con una sección del S.XIX,curiosa pero que se puede hacer un poco pesada, y otras dos fantásticas del S.XX y S.XXI. Así se puede ver la evolución global que ha ido teniendo la fotografía a lo largo de este tiempo.

Sin duda hay auténticas maravillas,muchas imágenes nos fascinaron… aquí os dejamos un pequeño ejemplo.

Pero el museo no se limita a esto… también ofrece una parte interactiva en la que los jóvenes (y no tan jóvenes) pueden entender como funciona la fotografía, se realizan talleres, se pueden ver ejemplos de manipulaciones flagrantes de los medios, o puedes “transportarte” a un estudio fotográfico de los primeros tiempos…

Además, no se olvida de fotógrafos actuales y tiene sala de exposiciones temporales. Nosotros pudimos disfrutar de un monográfico muy bueno sobre la ciudad de Charleroi encargado por el ayuntamiento al fotógrafo norteamericano Dave Anderson  ..

Sin duda, es un museo para ver con calma y tranquilidad, disfrutándolo poco a poco… lo ideal sería hacerle más de una visita.

Eso si, es muy específico, así que se lo aconsejo a la gente que tenga interés y le guste la fotografía… pues Charleroi no ofrece (creo) muchos alicientes más…

La sorpresa final, la tuvimos cuando fuimos a la cafetería y esta daba a un precioso parque con enormes fotos decorando las paredes… llovía mucho, así que fuimos pacientes y esperamos a que parara un poco tomándonos un te calentito. Y tuvimos la gran suerte de que paró!! Así que antes de irnos dimos un paseo por este parquecito de fantasía con colores otoñales… una auténtica gozada! : ))

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Tras nuestra visita en navidades a Bruselas, Brujas y Gante… nos faltaba visitar Amberes para tener el poker típico de ciudades, así que en este pueste de octubre decidimos hacer una escapadita desde el “campo base”, Bruselas. Llegar es fácil, pasan un par de trenes cada hora y, como todos los trenes, puedes cogerlo en cualquiera de las 3 grandes estaciones de la capital, Gare Central, Midi y Nord.

En poco menos de 45min estás en Amberes y, para quién pueda elegir cuando ir, decir que hay tarifa fin de semana en los billetes con un “muy interesante” descuento.

Nosotros, sin madrugar demasiado, nos plantamos en Amberes sobre las 10 y media, llegando a la espectacular y famosa Estación Central. Ver la estación merece ya por si misma la visita. Es tan espectacular y bonita como habiamos leido… de hecho, la revista Newsweek americana la consideró, en 2009, la cuarta más bella del mundo.

Una vez vista, iniciamos el bonito paseo de 10min que te lleva de allí al centro histórico por una enorme calle peatonal (calle Meir) que te va acercando a la inconfundible catedral.

Edificios preciosos y señoriales… estatuas… puertas decoradas y tiendas de todo tipo van escoltándote en el camino…

…hasta llegar al centro histórico.

El centro tiene como eje principal dos plazas muy cercanas entre si. Nosotros llegamos, siguiendo todo recto a la Groenplaats, una plaza grande y muy concurrida que da directamente a la gran Catedral gótica. Esta no es especialmente bonita, pero por dentro tiene obras de P.P.Rubens, icono de la ciudad ya que nació en ella.

De echo, en esa misma plaza tiene el reconocido pintor P.P. Rubens una escultura.

La plaza es bonita y entretenida, entre algún mimo, puestos de venta, cafeterías y montones de turistas, puedes pasar un rato agradable disfrutando de las vistas de la catedral… nosotros nos decantamos por las famosas “frites”. : ))

Y de allí ,en apenas unos minutos llegas a la Plaza Mayor (Grote Markt), donde te sorprende el espectacular Ayuntamiento del S.XV con toda la fachada llena de banderas.

Además de los preciosos edificios gremiales del S.XVI-XVII y la gran estatua-fuente de Brabo, el héroe que según la leyenda venció al tirano Antigón cortándole la mano y tirándola al rio.  Hecho que dio el nombre a la ciudad en neerlandés, Antwerpen, que deriva de la palabra “hand” (mano) y “werpen (lanzar).

Antes de comer, aún tuvimos tiempo de acercarnos a ver el pequeño y pintoresco Castillo de Steen, a orillas del rio Escalda. Al parecer, a P.P.Rubens le gustaba tanto que al final de su vida lo compró para pasar allí sus últimos 5 años…

Las calles entre el castillo, el Ajuntamiento y la Catedral son sin duda una joya para pasear y descubrir sus recobecos. Calles medievales empedradas, plazoletas, músicos… Eso hicimos nosotros, pasear antes y después de comer mientras mirábamos aquí y allá… una delicia.

Teníamos dos museos marcados para visitar, así que después de comer nos dirigimos al que estaba más cerca, el Platin-Moretus. Nos llamó mucho la atención al saber que era una imprenta y casa editorial del renacimiento que se conserva en perfecto estado, con material tipográfico, las dos planchas más antiguas del mundo   y una fantástica biblioteca… además de un precioso patio interior.

Para nosotros una visita muy interesante.

Llegados a este punto, los aromas del chocolate nos iban llamando mientras andábamos, así que no nos resistimos a degustar un típico gofre mientras nos acercábamos a la Rubenshuis (Casa-Museo de Rubens). Pero por desgracia no tuvimos en cuenta que aquí los museos cierran muy pronto… este en concreto a las 5, por lo que ya no pudimos entrar…

Así que, cansados y contentos de la escapadita, nos dimos el paseo de vuelta a la estación para coger el tren de vuelta a Bruselas…eso si, parando para hacer la foto de rigor en el símbolo de la ciudad… la mano cortada de Antigón, y en un bonito y colorido mural que encontramos.

Una fantástica escapada de un día que, a nuestro entender no necesita mucho más… : ))

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De nuevo por aquí, empezaremos una serie de posts relacionados con Bélgica en general, ya que Teresa estará por allí los próximos 6 meses  y, con las visitas que yo pueda hacer, iremos intentando descubrir y mostrar cosas interesantes de esas tierras.

Empiezo con un post de la Ruta del Cómic de Bruselas. Una ruta interesante para conocer la ciudad, más allá de los iconos turísticos como la Grande Place, el Atomium o el Palacio Real, entre otros. Cualquier paseo por el centro de la ciudad nos sorprenderá irremediablemente, con la visión de algún mural enorme en un edificio. En la oficina de turismo, podéis adquirir un mapa de la ciudad (0,50e) en el que están marcados todos ellos, así que puede ser el punto de partida perfecto para hacer esta ruta. Y además está al lado de la Gran Place, lugar que uno nunca se cansa de visitar.

La ruta consta por el momento de 43 murales callejeros, (en la página de la oficina de turismo los tenéis todos) y respondía inicialmente a una razón más práctica que artística, pues al ensanchar algunas calles, se crearon problemas de alineación de algunos edificios dejando paredes y muros a la vista. Ver todos de una tirada es algo difícil, pero se puede perfectamente pasar una mañana viendo unos cuantos mientras se callejea por la ciudad. Aquí yo os muestro unos cuantos…

Este, por ejemplo, tiene una historia curiosa, pues está situado ene l barrio gay y, al parecer, inicialmente eran dos hombres que iban paseando juntos. El caso es que con el mantenimiento normal que necesitan, en cierta ocasión alguien decidió que había que feminizar a uno de los dos mediante “pequeñas” modificaciones como dibujarle pendientes o insinuarle pechos de mujer…dejando el mural como está actualmente.

No puede faltar, claro está, el mural de Hergé con Tintin, Milú y el Capitán Haddock, sin duda el máximo exponente de Bélgica como capital del cómic.

El otro mural, que representa al héroe del cómic “XIII” es el último de los murales añadidos hasta ahora en noviembre de 2010.

No podía faltar este precioso y enorme mural de los galos…

Otro de los enormes y espectaculares es el de Lucky Luke, más rápido que su sombra, con el caballo Jolly, Ran Tam Plan y los Dalton… del dibujante belga Morris.

Este mural muestra la creación de Dupa, el perro Cubitus, en el lugar del archiconocido Manneken Pis…

De los cómics de “Caroline Baldwin”, sin duda este mural me parece uno de los más bonito y llamativos de todos…

Aquí tnemos por un lado al gracioso “Billy the cat” y por otro a “Bob y Bobette”, un cómic que se hizo famoso a partir de finalizar la 2ª Guerra Mundial, con el Manneken Pis…

Este mural homenajea a los personajes “Blake y Mortimer” y a sus historietas policiacas que aún continuan en la actualidad, del creador Jacobs.

Este es otro de los que me llama mucho la atención… en una pared estrecha pero fantásticamente integrado en el edificio está el Angel de Sambre, de un cómic de Yslaire.

En estos dos últimos murales que pongo, el de la derecha es “Jojo” de André Geerts, y el de la izquierda no se si se puede considerar un mural de la ruta del cómic… pero lo pongo porqué está en una calle muy concurrida al lado de la Gran Place y es en solidaridad con los enfermos de VIH… así que no está de más.

Faltan unos cuantos murales, sin duda, pero es una muestra bastante significativa para animar a los que visiten Bruselas a ir buscándolos… creo que es una fantástica forma de descubrir una parte de la ciudad. Además otras referencias interesantes al cómic, como esta placa… la bonita tienda de Tintin… o la fantástica tienda especializada en cómics Brusel, donde se pueden encontrar  una gran cantidad de material, principalmente en francés… aunque también tienen en inglés y algo en español.

Y por supuesto el Museo del Cómic en la Rue des Sables, al principio de la cual hay una estatua de Gaston Lagaffe…con su lindo gato.

Para acabar, nombrar el Museo Hergé, que aunque no está en Bruselas y hay que coger un tren que dura un poco más de 30min, sin duda es un lugar que vale la pena visitar y dedicar una mañana…y al que ya le dedicamos un post en nuestra anterior visita… : ))

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Este año elegimos Bélgica como destino de nuestra escapada navideña. París tuvo un sabor especial el año pasado en Navidad y Bruselas, Brujas y Gante también lo han tenido.

La iluminación de las calles, los árboles de navidad, la decoración, los puestos callejeros… ponen luz y color a todos los lugares, y si estos ya tienen encanto de por sí los hacen más bonitos si cabe. Bruselas no tiene precisamente la fama de ser una ciudad bonita. Mi opinión después de visitarla es que no es una ciudad fácil de la que te sientas atrapado nada más llegar (como si pasa con París), pero sí creo que como la gran parte de las grandes ciudades tiene un encanto especial digno de ser descubierto. Quizás tiene que ver que la visitamos en Navidad. Dejando a un lado el hecho de que me pareció una ciudad carísima creo que tiene rincones con mucho encanto y barrios que merecen ser disfrutados callejeándolos.

De Brujas decir poco más de lo que todo el mundo que la visita afirma… ¡es una auténtica ciudad de cuento de hadas! Cada rincón, cada casa, cada canal… merecen ser fotografiados. Sin duda es un lugar al que me gustaría volver muchas veces. Gante nos recibió con una buena lluvia la mañana que la visitamos, pero pese a la incomodidad que supuso visitarla en ese estado me pareció una ciudad muy bonita, también con muchísimo encanto y muchas posibilidades que merece ser visitada un día soleada para disfrutarla al máximo.

Sin más, decir que, pese al frío que es normal pasar durante esta estación en ciudades como estas, merece la pena una escapada navideña como esta: con una buena bufanda y unos buenos guantes las luces de navidad iluminan de manera especial ciudades tan bonitas y con tanto que enseñarnos como Bruselas, Brujas y Gante.
                    Teresa

Ya de regreso de esta bonita escapada navideña, tiempo de reflexiones y de vuelta a la vida cotidiana. Elegimos Bélgica, como tanta gente, por descubrir esa joya que es Brujas. Lugar que te transporta a otros tiempos, un museo que disfrutas paseando y descubriendo sus rincones. No nos defraudó para nada. Queda para el recuerdo andar tranquilamente por sus calles empedradas mientras un carro tirado a caballos se acerca, mirar los preciosos canales con maravillosos edificios medievales por todos lados o imbuirse de la vida de la plaza del mercado (Markt) y sus impresionantes edificios. Gante se enfadó con nosotros, tal vez por dedicarle solo unas horas, y decidió dejarnos con las ganas de disfrutar bien de ella. La lluvia fue impenitente pero pudimos ver lo bonita que es la ciudad y quedarnos con ganas de una nueva visita, con más calma y buen tiempo. Queda pendiente.

Y sobre Bruselas decir que, aunque no esté entre las ciudades más bonitas de Europa, bien merece una visita de unos días. Tiene un centro interesante y una plaza espectacular, museos para dar y vender a los que puedes dedicar los días que quieras y unas cuantas cosas diseminadas que valen la pena.

Imaginar, buscar, comparar, decidir, prepararse, leer, volar, disfrutar, comer, asombrarse, sonreír, recordar…  esto es un viaje, antes, durante y después, un proceso en el que yo al menos, disfruto como un enano y me sigo maravillando del mundo y todo lo que nos ofrece.

Bélgica ya es un recuerdo, ahora viene el tiempo de pensar en el próximo proyecto, aunque con la situación actual parece mas incierto que nunca… veremos como lo montamos, yo mantengo la esperanza por malas que sean las noticias… nos adaptaremos en la medida de lo posible y seguiremos conociendo este sorprendente mundo en el que vivimos. Hasta la próxima,

              David

 

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Hoy nos hemos levantado pensando en la fantástica cena que nos dimos ayer, como despedida del viaje. El lugar fue un restaurante de comida francesa y flamenca, el In Den Wittenkop, situado no muy lejos de la Markt, y ambientado con música jazz.

 La comida fue simplemente deliciosa, para mi un “magret de pato perfumado a la flor de lavanda con patatas gratinadas”, (que si, el pato y las patatas los encontré… pero lo de la flor de lavanda ya se me escapó) y para Teresa “conejo con salsa de ciruelas” que se deshacía en la boca. Ya sabéis que somos de buen comer, así que disfrutamos como enanos, eso si, para que no saliera muy caro preferimos no pedir vino y pedir un único postre, un buenísimo pastel de manzana con helado de vainilla que compartimos.

 

Y para rebajarla, nos colocamos bien la bufanda para resguardarnos del cortante frío, y nos dimos nuestro último paseíto nocturno por el centro.

 

Esta mañana, la suerte nos ha vuelto a acompañar en forma de buen tiempo y como teníamos hasta mediodía antes de coger el tren lo hemos aprovechado para subir al Belfort (Campanario de Brujas) de 83m de altura y con 366 escalones. La verdad es que no se ha hecho pesado y las vistas desde allí son impresionantes, ahora si, barato no es. Vamos, que es un robo los 8 euros que vale… pero si no hubiéramos subido seguro que nos habríamos arrepentido.

Después ha sido el tiempo de las inevitables compras que hemos ido posponiendo hasta el final. Así que a andar mirando una tienda por aquí y otra por allá pensando en encontrar lo mismo más barato aquí que allí… pero vamos, que no, que los precios son estándar para casi todo. De hecho, el mayor dilema es que tienda de chocolate belga te gusta más o te hace más gracia… porque algo de chocolate hay que comprar!!

Último vistazo a los canales y al Ayuntamiento y poco más, sin darnos casi cuenta era hora de coger el autobús hacia el hotel…

¡por cierto! Importante detalle es avisar de que los billetes del bus tienen un precio de 1,20e si lo compras en la maquina o en el estanco… pero ¡¡vale 2 euros si lo comprar al conductor!! Por increible que parezca es casi el doble…

Total, que hemos recogido las maletas, subido al tren hacía Bruselas y allí, en la Gare du Nord hemos hecho un transbordo que nos ha llevado al aeropuerto, donde cogíamos el avión de vueling que nos ha traído de vuelta a casita… el viajecito toca a su fin y volvemos al día a día y a la cruda realidad que nos acecha…

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Descansaditos nos hemos levantado dispuestos a poner rumbo a Gante. El día pintaba bastante nublado, pero no llovía, así que mientras desayunábamos un “lamentable” café con leche, pensábamos en que tal vez se alargara nuestra enorme suerte con el buen tiempo: nos equivocábamos.

Sobre las 10 cogíamos el tren (9,95e/pp ida y vuelta) y en menos de media hora estábamos en la bonita estación de Gante, donde ya llovía un poco.

Para ir al centro hemos tomado el tranvía (línea 1) por 1,20e que se coge a la puerta de la estación, donde había un inmenso parque con cientos y cientos de bicis aparcadas, sin exagerar ni una pizca.

Una vez en el centro la lluvia había cogido confianza y caía sin miedo… vamos que empezaba la fiesta. No nos hemos desanimado y nos hemos dirigido a el puesto de información donde te dan un mapa “muy apañao” con una ruta a pie por todo el centro que dura unas 2 horas y pico. Como la mini-guía de Lonely Planet es bastante pobre, nos hemos centrado en este mapa y lo primero ha sido entrar en la bonita Catedral, con unos preciosas vidrieras.

En ella está el famosísimo retablo de 20 paneles “La adoración del cordero místico”, del artista Jan Van Eick. A mi me ha hecho gracia y he entrado a verlo (vale 4 eurazos que se lleva la santa madre iglesia, cosa que me ha hecho dudar), mientras Teresa ha preferido dar un paseo. El precio es un robo, pero la verdad es que el retablo es impresionante.

Por desgracia al salir llovía más si cabe, vamos que caía la del pulpo, pero no nos ha echado atrás y nos hemos puesto a andar. Gante tiene mucho encanto, la vista de los campanarios y las casas medievales es muy  bonita, además la ruta marcada te va llevando por calles preciosas, plazas impresionantes como la del Markt, te lleva a al zona de casas más antiguas o al impresionante castillo del S.XII, propiedad de los condes de Flandes.

Y todo esto mientras vas cruzando una y otra vez puentes del río Leie con casas medievales a sus lados y barquitos en los que puedes hacer cruceros (aunque hoy, con el tiempo que hacía era imposible).

Eso si, con la que estaba cayendo, hay que tener moral para hacer turismo. Y nosotros la hemos tenido, no sin dejar de parar a mitad camino para reconfortarnos con una buena sopa caliente. Con el estómago lleno ya no nos hacía tanta gracia así que tras andar un poco, y con la humedad que ya amenazaba con llegar a los huesos, hemos pensado que mejor tomábamos el camino de regreso.

Lástima de tiempo, porque la verdad es que es una ciudad muy bonita que bien merece una visita larga y pausada, preferentemente en un día soleado.

Nosotros sobre las cuatro cogíamos el tren que en 20 minutos nos dejaba de nuevo aquí en Brujas, donde no llueve.

Ahora, ya arreglados, hacemos un poquito de tiempo para ir a cenar a un sitio bonito y despedirnos de Brujas, mañana ya solo habrá tiempo de hacer algunas compras de rigor por la mañana e irnos a mediodía hacia Bruselas, al aeropuerto..

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Después del chaparrón de ayer el despertar nos ha dado una gran alegría…

¡ha salido un día soleado! Eso si, el frío no ha desaparecido.

Así pues, nos hemos arreglado con tranquilidad y hemos salido dando un paseo. En pocos minutos llegábamos al Minnewater Park y aparecía la primera preciosa vista de los canales, con uno de los campanarios al fondo, con su puentecito de piedra y unos preciosos cisnes blancos enormes.

 

La sensación ha sido de transportarse a otra época. Las calles empedradas, todas las casas medievales… y de repente ¡un carro tirado por caballos que nos ha sorprendido!

Nos hemos parado a desayunar un cafetito con leche (nada de otro mundo, la verdad) y hemos empezado la ruta.

El buen tiempo ha seguido acompañando todo el día, así que ha sido una gozada ir paseando tranquilamente sin rumbo fijo. Aunque había turistas, no era exagerado, por lo que íbamos a nuestro ritmo mirando a todos lados. Las tiendas se suceden una tras otra, souvenirs, restaurantes, encajes típicos… pero especialmente las chocolaterías, que hay a montones.

No se puede concretar en una sola cosa, es como andar por un museo, pero la zona de los canales llama muchísimo la atención, todos los rincones son como postales, a cada cual más bonito.

Y así, poco a poco, nos hemos ido acercando al centro neurálgico, el Markt. Una maravillosa plaza al estilo de la Grand Place de Bruselas, pues mires donde mires no tiene desperdicio. Eso si, en uno de los lados está la típica estampa de fachadas medievales tan característica y fotografiada.

No en balde es Patrimonio Mundial de la UNESCO. Puedes pasarte horas y horas mirando a todos lados embobado imaginando historias pasadas de películas de armadura y espada…

No vale la pena ir enumerando lugares que hemos visto… lo mejor, sin duda, es perderse sin rumbo fijo y que sea Brujas la que decida qué mostrarte, ya sea la impresionante Basílica, el Ayuntamiento o cualquiera de las fantásticas cervecerías especializadas que hay, en las que te pierdes entre decenas y decenas de cervezas diferentes.

A este respecto, imprescindible visitar una enorme tienda de productos artesanos, se llama 2BE y tiene todo tipo de productos belgas entre los que se encuentran montones y montones de diferentes cervezas del terreno, y todo esto en una preciosa mansión del S.XV.

Se nos ha hecho hora (española) de comer, es decir casi las 3 y de milagro nos han servido en un sitio muy apañao sirviéndonos un menú de 13e muy digno. Ha sido lo mejor que hemos encontrado sin que nos doliera en el alma el bolsillo…

Y poco más, pues al salir ya casi se estaba haciendo de noche, así que hemos vuelto al bullicio de la Markt, llena de gente comprando ya que aquí ya hay rebajas, hemos escrito alguna postal bebiendo algo…

y de vuelta al hotel, cansaditos, en busca de una ducha caliente y relax pensando en tener fuerzas para visitar mañana en condiciones el tercer y último de nuestros objetivos: GANTE

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Primer día del año. Ha amanecido gris, muy gris pero sin lluvia. La sensación es de fría melancolía, con poca gente por las calles y enfrascados en sus abrigos y bufandas. Quizás resacosos o quizás simplemente calentitos en sus casas en un día de fiesta, nos lanzamos a la calle, y la encontramos casi vacía.

Tenemos ganas de aprovechar nuestro último día en Bruselas, pues nos quedan bastantes opciones. Nos decidimos por ir al barrio de la UE, por eso de ver dónde se apoltronan todos esos que se empeñan en dirigir nuestras vidas, aunque parece que sin pensar mucho en nosotros, los ciudadanos…

En metro hemos parado en el Parc du Cinquantenaire, un parque bonito donde está el Arco del Triunfo.

Cruzándolo hemos llegado al edificio Berlaymont, enorme, inmenso, con cuatro alas, sede de la Comisión Europea. Bonito no es, la verdad, pero impone por su tamaño e importancia hoy en día…

De allí, hemos seguido ruta por el Parc Leopold con su lago y sus patos para llegar al Parlamento Europeo. Allí donde los europarlamentarios debaten sobre cosas que, en la mayoría de los casos, no le vemos mucho sentido en ningún lado… eso si, hay una escultura monísima en referencia al euro y están todas las banderas de los países de la U.E. una al lado de la otra, todas muy monas y coloridas sin que falte ni una… (incluidas, de momento, la de Grecia, Irlanda, Portugal o España) ya os podéis imaginar.

Poco a poco  hemos salido de este barrio, que hoy parecía fantasma de la poca gente que había, y nos hemos dirigido hacia el Palacio Real. Cuando lo veíamos ya cerca hemos pensado que se nos hacía tarde y hemos preferido cambiar de planes. Coger el metro y dirigirnos al barrio de Marolles, que no queriamos dejar de visitar un poco, entrando por la espectacular Porte de Hal, del s.XIV, la última de las siete puertas de la muralla de la ciudad, que parece un castillo en miniatura y te transporta de lleno a imaginar historias de caballeros, reyes y princesas de la edad media.

Callejeando por los Marolles se nota otro ambiente, un aire de barrio diferente del centro monumental pero con encanto. Paseando hemos visto un par de murales de cómic y entre pescaderías, panaderías, y tiendas diversas hemos llegado al centro del barrio, la Pl du Jeu de Balle, con su peculiar rastro-mercadillo lleno de trastos, figuras africanas, muebles viejos, ropa… todo distribuido en un caos general y un desorden donde se ve gente humilde  decidida a ganarse la vida de la mejor manera posible…

En esa misma plaza nos ha llamado la atención un bar que hace esquina, La Brocante, por el jaleo y una música que se oía. Nos hemos asomado y hemos visto un ambiente fantástico con un grupo de jazz tocando mientras la gente tomaba una cerveza o comía alguna cosa. Hemos visto una mesa vacía y no lo hemos pensado ni un minuto, nos hemos sentado y tras una cervecita hemos comido una deliciosa lasaña de la casa y un plato de camembert caliente. ¡Una gozada mientras disfrutábamos de jazz en directo a la hora de comer! 

Estábamos tan a gusto que lo hemos alargado un poco y ha llegado la hora de ir a por las maletas para coger el tren a Brujas. Eso si, antes hemos pasado por delante del horrible Palais de Justice, una mole enorme e inacabada con estilos mezclados, fría,gris y con poco encanto.

El tren a Brujas se puede coger desde cualquiera de las Gares de la ciudad… nosotros lo hemos hecho desde la Gare du Nord, y una hora más tarde llegábamos a nuestro destino.

El hotel, Etap Hotel, al lado de la estación, funcional, cómodo, limpio, aseado y a buen precio a apenas 15min andando del centro. Vamos, ¡perfecto!

Tras descansar un rato, ya de noche (aquí se hace de noche muuuy pronto) y aunque llovía un poco, no nos hemos podido resistir a acercarnos al centro andando. Hemos dado un vistazo a Brujas de noche, que tiene su encanto, y llegando hasta el Markt, con las preciosas casas medievales decoradas con luces.

Una cervecita y algo de picar más tarde la lluvia había cogido fuerza y hemos decidido volver al hotel. Eso si, un cuarto de hora calando, con lluvia bastante fuerte por momentos, da para bastante, así que, como os podéis imaginar, hemos llegado en una situación bastante lamentable… menos mal que ahora, ya duchados, estamos seguros de no habernos constipado.

Esperamos que mañana tengamos suerte y salga un día aceptable para poder disfrutar y descubrir Brujas con tranquilidad…

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Llegó el último dia del año y nosotros hemos decidido empezarlo acercándonos al Museo de Hergé, que está en Louvain la Neuve, un pueblo a las afueras de Bruselas. Se puede llegar desde cualquiera de las Gares pero hay que saber que la mejor manera es haciendo un transbordo en Ottignies. Por suerte, está coordinado para llegar en poco más de 30 min en total.

El Museo está al lado de la estación, así que no hemos tardado en llegar al precioso edificio que lo alberga rodeado de árboles. Todo el edificio está dedicado a Hergé y, sobretodo, a Tintín. Los detalles aparecen por todos lados, desde la misma entrada, con un enorme panel de Tintín a las paredes interiores decoradas con siluetas y diferentes colores. La carta del restaurante, por ejemplo, es como una edición de la revista donde empezó a pintar Hergé de joven.   

El precio (9,50e) incluye una audio-guía en español. De allí subes al tercer piso y te sorprende la fantástica organización y distribución del material, además de la buenísima explicación que hace que resulte muy ameno. No me extenderé más, pero son 3 plantas de material exquisito y muchas veces sorprendente…lástima que desde la entrada ya te avisan de que nada de fotos…

Hemos dedicado cerca de 3 horas a la visita, así que nos hemos comprado unos bocatas y hemos cogido el tren de vuelta.  El pueblo no tiene más…

Nos hemos tomado hoy casi como el día del cómic, así que nos hemos acercado al centro y hemos hecho un trozo de la ruta de los murales del cómic mientras callejeábamos tranquilamente. Muy chulo ver murales enormes de repente al girar una esquina cualquiera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y para acabarlo hemos entrado en la tienda de Tintín y no nos hemos podido resistir a comprar alguna que otra cosa… si, muy turístico y carillo si, ¡pero es que es espectacular!

Las piernas ya empezaban a resentirse, pero aún hemos querido dar un paseo hacia la Rue des Sablons, zona repleta de las chocolaterías más famosas, como Wittamer (una de las más tradicionales desde 1910), Marcolini, Neuhaus, Pure, Leónidas o Godiva…entre otras, eso si, a precios casi prohibitivos en tiempos de crisis. La zona estaba toda decorada con luces navideñas y la verdad es que tiene su encanto. Eso si, después de pasear un poco, hemos tenido que buscar un lugar donde mojar la garganta, y que mejor para eso que una cervecería.

La tarde la hemos rematado con el gofre de chocolate de rigor  callejeando un poquito, pero ya no sentíamos las piernas así que no lo hemos hecho largo y hemos buscado un metro salvador que nos trajera de vuelta al hotel.

Ya en el hotel, nos ha parecido excesivo los 100e que vale la cena, y además no hemos traído frac ni vestido de noche, así que hemos comprado unas cervezas belgas y pizza turca y tan contentos.

Y aquí estamos esperando las campanadas con muy pocas ganas de ir a la Grand Place (como teníamos previsto) por la rasca que hace.

En fin, nuestro mejores deseos para todos y todas desde el hotelito…

¡¡FELIZ AÑO NUEVO 2012!!

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¡Cansadísimos del primer día por Bruselas!

El vuelo ayer con Ryanair fue normal, sin problemas, hasta que aparecieron las turbulencias. Las primeras las pasamos como buenos exploradores, pero una vez aparecieron las segundas y las terceras Teresa empezó a encontrarse un pelín mareada. Menos mal que unas galletas de chocolate lo arreglan casi todo e íbamos bien preparados…

El caso es que llegamos a Charleroi y en escasos quince minutos esperábamos el bus que en 45min más nos llevó al centro de Bruselas (13e por trayecto).

De allí, un metro (1,80e) hasta la parada de Botanique donde llegamos al hotel. Esperábamos que estuviera bien… pero la verdad es que está mejor!! La oferta que encontramos en Trivago por 3 veces menos de lo que vale es magnífica y la habitación… como podéis ver, una pasada!

Así es mucho más fácil descansar y relajarse… ¡¡espero que no nos estemos aburguesando!! Jeje

El caso es que hoy nos hemos levantado ya preparados para aprovechar el tiempo… ¡y si que lo hemos aprovechado!

La primera parada ha sido en el Museo de René Magritte (8e la entrada). Tres plantas en las que hemos disfrutado con maravillas como L’empire des lumieres o Ceci n’est pas une pipe o… montones de obras preciosas. Hemos salido encantados y, como no, un poco cansados.  Eso si, imprescindible coger una audio-guía (4euros) para no expertos como nosotros. La nota curiosa, y extraña, nos la ha dado un vigilante que, al ver como escribíamos alguna de las citas que había en la expo ¡¡nos ha llamado la atención!! La sorpresa ha sido tal que no hemos ni discutido… en fin.

A la salida, contentos y hambrientos, y antes de ir a buscar el metro, no nos hemos resistido a probar nuestro primer gofre…mmm… sin palabras con ese chocolate caliente llenando sus celdas…

Nos ha salido un día precioso, con solecito, así que con el bono metro de 1 día entero (4,50e) hemos salido del centro para ver el Atomium. Una reproducción de un átomo de más de 160 metros sin duda espectacular y que vale la pena ver, ya que es uno de los iconos de la ciudad… pero no hay nada más que hacer allí, solo verlo y como mucho pagar por ver las vistas que hay desde lo alto. Nosotros hemos decidido volver al centro para comer algo.

De vuelta al centro, hemos parado en la plaza Ste. Catherine, donde había un enorme mercado navideño lleno de puestos de souvenirs y de comida con vino caliente, ostras, quesos, embutidos, crepes, gofres e incluso churros españoles. Además de los típicos tiovivos de aire antiguo o una enorme noria. El ambiente navideño inundaba la plaza.

No podíamos dejar de hacer también la visita obligada a la Grand Place, centro neurálgico de la parte vieja y una auténtica maravilla, sin duda una de las plazas más preciosas que hemos visto, con todos los edificios que la rodean entre los que destaca el ayuntamiento. Todas las calles alrededor de ella son miles de tiendas entre las que destacan las chocolaterías y cervecerías. A pocas calles hemos visitado el famoso y decepcionante Manneken Pis, una figurilla a la que, además, habían vestido con ropa deportiva porque hoy había una carrera. Nos han impactado mucho más las réplicas de chocolate…¡esas si que estaban para comérselas!

Y con esto nuestras piernas no daban para más, nos hemos hecho una cervecita belga y unas típicas patatas fritas para reponernos pero era tarde, no nos hemos recuperado, así que hemos vuelto al hotel desde donde os escribimos la mar de tranquilitos.

Mañana más, que es el último día del año y hay que aprovecharlo.

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