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Posts Tagged ‘Bali’

Y llegó el momento de hacer balance y cerrar el capítulo de Indonesia… Alguna vez me habéis escuchado decir que tengo sensaciones contradictorias… por una parte, durante el viaje me parecía que llevábamos mucho más de un mes, mientras que ahora me parece que los 34 días pasaron muy rápido. En cualquier caso mi recuerdo de este mes en Indonesia es simplemente inmejorable.

También recuerdo que antes de irnos a algun@s os comenté que igual viajar así no estaba hecho para mí, que eso de irme con una mochila con lo básico quizás no me gustaría… El balance ya lo sabéis: todo mucho más fácil de lo que pensaba y un reto personal superado que, todo sea dicho, con la ayuda de David fue sin duda muchiiiisimo más fácil. ¿El único problema? Que creo que engancha y ahora le doy vueltas a otros destinos… jejeje.

Un total de 11 vuelos nos llevaron a recorrer un país precioso e inabarcable por muchas veces que viajemos hasta allí. Nos quedan cosas pendientes por ver y el recuerdo de haber visitado juntos las lejanas tierras indonesias.  Compartirlo con tod@sa través de este blog ha sido una experiencia preciosa: tanto desde allí con los mensajes y comentarios recibidos de los que nos leíais como una vez aquí, donde l@s más tími@s lector@s  nos habéis revelado cómo seguíais a Ulises durante el mes de agosto. 3.000 visitas son muchísimo más de lo que esperábamos!!!

Ulises se va a descansar una temporada (ojalá no muy larga) y con él nosotros hasta la próxima, con el recuerdo de este precioso viaje inolvidable por la belleza milenaria del lejano Oriente Indonesio. Hasta la próxima!

Teresa

Ya de vuelta y casi sin tiempo para descansar hemos vuelto a la rutina. Para mi las vueltas siempre son un poco extrañas, me cuesta asimilar cómo es posible estar en la otra parte del mundo un día y en casa el siguiente. Viajar me abre los ojos, me recuerda que la vida es mucho más que nuestros respectivos microuniversos personales, me hace sorprenderme, adaptarme, aprender… y una cosa a mi entender muy importante, relativizar.

Estos 34 días han sido una gozada, tanto de cosas grandes como pequeñas. Inolvidable fue la  experiencia del klotok y tener orangutanes a un metro, llegar a Borobudur, o ver el atardecer en Ulu Watu… pero también disfrutar de una cerveza en la playa de Kuta, coger una moto y perderse por caminos en tierras Toraja, o simplemente pasear un mercado de verduras cualquiera… hay tanto por descubrir y aprender.

Con tantos días siempre hay altibajos, pero me alegra recordar que ha habido muchos altos… y muy pocos bajos. La convivencia con Teresa ha sido realmente sencilla, su adaptación de 10 y además ha aguantado mi cabezonería de la mejor de las maneras, por lo que no puedo más que estar feliz.

Indonesia tiene muchas posibilidades. Un país inmenso con tanta variedad que más que un país estás descubriendo 3 o 4 a la vez. Nos han quedado cosas por hacer, pero no importa, nuestra intención no ha sido coleccionar nombres, sino disfrutar tranquilamente a nuestro ritmo los que hemos ido encontrando. No hemos cumplido nuestra ruta inicial, y ese era nuestro objetivo, adaptarnos a nuestras sensaciones y tomar decisiones sobre la marcha. Prueba conseguida.

Muchas gracias a los que nos habéis seguido, esperamos que os haya gustado. Nosotros nos lo hemos pasado muy bien haciendo el blog. Ahora ya pensando en alguna escapada corta y en próximos viajes. Por proyectos e ilusión desde luego, no será. ¡Hasta pronto!

David

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Y llegó nuestro último día por tierras indonesias. El plan era claro, tener un día bonito y tranquilo para estar descansaditos para la vuelta… así que nos levantamos como siempre y nos hicimos el desayuno de rigor, con el último pancake de turno y batidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De allí directos a la playita. Salió el día un poco nublado, pero teníamos fe en que no durara mucho… y así fue. En un rato el calor empezó a ser sofocante así que pillamos unas hamacas y como decimos en Valencia “a patir” : ))

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No nos resistimos a darnos nuestro último bañito y a dar algunos “traguitos de agua” por jugar con las olas, alguna que otra mayor de la cuenta. Pero la mayor parte del tiempo lo pasamos, yo huyendo del sol y Teresa con el típico “vuelta y vuelta”…ya sabéis, la belleza siempre cuesta…

Cominos en el Balcony, un seguro si estás ya un poco harto de la comida autóctona con maravillosas ensaladas, hamburguesas y carne…en un ambiente muy surfero con tablas y fotos por todos lados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y la tarde la planteamos en 3 partes imprescindibles.

Por un lado dar algunas vueltas por las tiendecitas para controlar que no olvidábamos comprar ninguna cosa y de paso despedirnos con algún regateo… aunque ya no estábamos para muchas tonterías. Los indonesios van haciendo mella poco a poco, y a precios desorbitados (la mayoría) ya no entrábamos al juego, más bien los enviábamos a “pasturar”… pero aún así encontramos lo que nos faltaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En segundo lugar era totalmente necesario ver el último atardecer en la playa, con una bintang muy fría en la mano, previo paseo tranquilito por la arena… y así lo hicimos, disfrutando cada segundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Qué media hora más bonita mientras el sol se iba poniendo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y en tercer lugar, era imprescindible una visita a un masaje para relajarnos para la dura vuelta, por lo que ya de noche, rematamos nuestro último día con el susodicho masaje de rigor. Colofón final al día.

Lo que sigue ya no podemos decir que fuera tan placentero. Nos hicimos la maleta, dormimos y al día siguiente rumbo a Jakarta para, tras esperar unas horas, abandonar tierras indonesias rumbo a Dubai, donde llegamos casi 8 horas más tarde.

En Dubai tuvimos que hacer noche, pues en avión salía 9 horas más tarde, así que nos cogimos el polar para hacer frente a las gélidas horas del aeropuerto y medio dormimos en unas hamacas que encontramos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por supuesto nos dio tiempo a pasear por el duty-free, leer, ver un partido de futbol inglés (yo, pues ya sabéis muchos la opinión de Teresa sobre el…. futbol), dormir a ratos y acabar hasta las narices antes de  desayunar y coger el siguiente vuelo, que nos ha traído ya hoy a nuestras amadas tierras hispánicas. Hemos perdido la cuenta de las horas entre tanto cambio horario y esas cosas… pero se puede resumir en una pequeña frase: “Pa’vernos matao!!”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya por fin, hoy 30 por la tarde, después del placentero viaje en AVE Madrid-Valencia, estamos en casita, felices, contentos y muy muy cansados. Ahora a dormir 15 horitas, y como nuevos.

Tanto nosotros, como nuestras mochilas, merecemos un descanso…

 

 

 

 

 

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Estamos en el aeropuerto, destino Sulawesi, para visitar las tierras de los Tana Toraja.
Nuestros planes se han complicado estos días al querer ir a Flores, para visitar Komodo con sus dragones y algunas islas bonitas, al ser imposible encontrar vuelo de vuelta. Ya en los últimos 10 días nos ha dado miedo quedarnos tirados tan lejos de Jakarta, así que hemos pasado al plan B. Se nos queda pues pendiente… una buena excusa para volver en otra ocasión.
Nuestro último día completo en Ubud tenia expectativas de grandeza real. Ayer era la cremación de una mujer de la familia real, fallecida hace dos meses (osea, que el cuerpo estaría fino fino…) y todo el mundo llevaba días hablando sobre el tema y preparando ofrendas para la ceremonia. Al parecer era algo muy excepcional y no podíamos perder la ocasión de ver algo así.
Eso si, el programa no era muy claro precisamente. Cada uno nos decía lo que le daba la gana cumpliendo la “ley indonesia” que dice que si no sabes lo que te pregunta el turista, te lo inventas y ya está.
Al final creímos entender que el “sarao” empezaba a las 11, a las 12 se trasladaban las impresionantes figuras al cementerio y una vez allí, se procedería a la cremación. Es decir, que a las 2 todos a comer… pues bien, no llegamos ni a merendar!!
Aquí podéis ver las impresionantes figuras y algunos bonitos detalles en ellas…

 

Sobre las 11 la gente iba llegando y acumulándose alrededor del palacio, dónde estaban las figuras. Allí iban apareciendo grupos con música y además todas las personas que se encargarían de llevarlas a hombros.

 

 

El ambiente empezaba a ser muy animado cada vez con más y más personas pululando, ya que había llegado gente de toda la región. Los vendedores, cada vez más pesados, iban a la caza del turista con material de todo tipo, desde figuritas a máscaras de madera… aunque los que se llevaban la palma eran los vendedores de bebidas, por el asfixiante calor, y las “insistentes” mujeres que vendian sarungs, pareos para cubrir las piernas.

Poco después de las 12 empezó el movimiento. Tras unos chillidos y unas salvas para animar a los porteadores, el inmenso toro se levantó y dio sus primeros pasos mientras la gente, que inundaba la calle, jaleaba el acontecimiento. Un poco más tardó la otra figura que portaba el ataúd en su parte alta, el cual habían subido mediante una inmensa escalera hecha de bambú. Fue impresionante ver cómo el “armatoste” se levantaba y se ponía en movimiento mientras la multitud iba detrás.

 

El camino se hizo largo, aunque a penas eran 500m ya que los porteadores tenían que parar cada 50 metros más o menos a descansar y además hacía mucho calor. Así que de camino, como no vendían pipas, nos compramos unos huevos de codorniz.

 

 

 

Empezábamos a estar ya cansados a estas alturas del evento, pero pensando que seria llegar y proceder a la cremación, aguantábamos con buen humor.
El caso es que llegamos al cementerio, colocaron las figuras, la gente se empujaba por verlo de cerca y pasó una hora… y dos…
Nos hicimos una fotito para la posteridad…

 

…y seguimos esperando, y esperando…aunque eso si, la gente seguía expectante.

Y los niños, como en todos los lugares, comían dulces mientras tanto…

La espera se empezaba a hacer eterna, cada vez había menos gente y no había movimiento. Además nadie nos decía con certeza a que hora sería la esperada cremación. Y decimos “con certeza” porque no podemos olvidar esa educada regla indonesia que hemos nombrado antes…  así que, tras preguntar a 5 personas… teníamos cinco posibles respuestas, para que eligiéramos la que más nos gustara.

 

Visto esto decidimos ir a comer alguna cosa, y al volver ¡milagro! la cosa se movía ligeramente… ¡estaban moviendo a la muerta!

 

Pero debe de ser muuuy difícil mover a la pobre mujer, porque media hora después seguían en sus trece… y ya nuestra paciencia, de origen judeo-cristiano, llegó a su fin y un poco hartos  nos fuimos con la sensación de haber desperdiciado un día con algo que no tenía más de una hora de recorrido…

 

Así que nos quedamos sin ver la importantísima falla indonesia.
Para colmo, habían cortado la luz de toda la región por la cremación… si… nosotros tampoco entendemos exactamente la relación directa entre estas dos cosas, pero la debe de tener. El caso es que no había nada fresco en los bares, no funcionaban los ventiladores ni los aires, no iban los cajeros y nosotros íbamos “pelaos”…
Pero, por fin, alrededor de las 7 de la tarde cual aparición divina ¡se hizo la luz! y pudimos ducharnos, cenar tranquilamente y preparar las cosas para salir hoy camino de tierras torajas, en Sulawesi, nuestro próximo destino…

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Hoy nos hemos levantado de buena mañana con el plan bien claro.

Después de desayunar teníamos previsto coger un taxi colectivo para visitar un bonito templo situado en el lago de un volcán, llamado Pura Ulun Danu. Y de camino, ya que estábamos, aprovechar y parar en algunos sitios más.

Así que hemos cogido el taxi colectivo a las 9 junto con una pareja de holandeses y un inglés que viaja solo. La ruta ha sido muy amena.

Tras ver algunos campos de arroz y cómo las mujeres trabajaban en ellos hemos llegado al primero de los templos a visitar: el palacio real del antiguo reino de Mengwi, rodeado por un foso de agua de un río cercano. El templo se conoce por el nombre de Taman Ayun.

Allí no se podía entrar, así que lo hemos rodeado a pie mirando la hora, ya que lo malo de ir en taxi es que te da un tiempo para la visita. Pero bueno, aunque bonito, tampoco es que tuviera un grandísimo interés, así que el tiempo era suficiente.

Una vez paseado el templo nos hemos dirigido hacía una típica plantación de café donde nos han explicado brevemente cómo se elabora. La intención era clara: que compráramos alguna cosa. Pero la verdad es que ha sido bastante interesante y hemos conocido cómo se elabora el café más caro del mundo: el café Luwak.

Como seguro muchos de vosotros desconocéis su peculiar historia os explicaremos que es tan caro porque su proceso de elaboración es el siguiente:

Las civetas que viven por estas tierras (animales que podrían parecer una mezcla entre gatos y pequeños monos), se comen los granos de café y tras su digestión, como es normal, los defecan (es decir, los cagan). Ahí entra en juego el “maestro” cafetero recogiendo las cagarrutas del susodicho animal sin dejarse ni una. Su digestión no deshace los granos, únicamente sus encimas llegan hasta el centro mismo de los granos, dándole al parecer un sabor suave y especial. Tras coger estos granos el proceso es el normal: una vez limpiados, molerlos para obtener el café.

Conocido este interesante proceso no nos hemos resistido a probarlo y hemos descubierto que tiene un sabor suave y aromático muy agradable (algo impensable si reflexionas sobre el proceso). Es similar al turco, con casi un dedo de poso.

 

A parte de este pequeño tentempié, señalar que a la entrada había una preciosa figura de Ganesha, dios Hindú, que se coloca a la entrada de las casas para cuidar de ellas. No nos hemos resistido a fotografiarle junto con la ofrenda diaria típica balinesa, que colocan con una pequeña base de palma con unas flores y algo de comida para mostrar su agradecimiento a los dioses.

 

La siguiente parada, bastante al norte de la isla, ya ha sido el esperado templo Pura Ulun Danu, situado en el lago Bratan, y principal objetivo de nuestra escapada.

Su ubicación es sensacional, pues este precioso templo está entre volcanes y fue construido sobre el inmenso lago.

No nos ha defraudado, hemos disfrutado paseando por sus alrededores y viéndolo desde todos los puntos de vista posibles. Lástima que el taxista no nos haya dado más tiempo para sentarnos más tranquilamente a disfrutarlo sin prisas.

 

Las razones del taxista no podemos decir que fueran altruistas precisamente, ya que de allí nos ha llevado a un restaurante apartado con unas bonitas vistas de terrazas de arroz, y no hemos tenido otra opción que comer en él. Es normal, son peajes que hay que pagar cuando contratas un pequeño tour a muy buen precio. La comida ha sido muy amena, pues nuestros compañeros de ruta han sido gente muy agradable.

Conversando de todo un poco: empezando por la crisis, hasta el obligado fútbol o viajes diversos, eso sí, nuestro amigo británico más que hablar inglés parecía que ladraba, por lo que cada dos frases teníamos que decirle que nos lo repitiera por favor. Aún así, entendíamos cuatro palabras y nos inventábamos el posible significado del resto:es lamentable que los británicos no sepan hablar bien inglés, porque nuestro nivel está fuera de toda cuestión… bueno… más o menos…

Ya de vuelta el taxista aún tenía un as en la manga. Nos ha enganchado (esto si que ha sido una encerrona y no lo del restaurante), para ir a ver una galería de pintura y explicarnos todo el desarrollo de la pintura balinesa y su historia.

La parte de explicación ha durado aproximadamente 33 segundos mientras veíamos a un joven pintando.

A partir de ahí el hijo de una cabra no ha empezado a comer la cabeza mientras nos iba enseñando un laberinto de pasadizos con cientos de pinturas a los lados.

 

No es broma hablar de que la ruta por los endiablados pasadizos ha durado alrededor de media hora en la cual el avispado empleado de la galería encargado de nosotros nos ha estado comiendo la cabeza sobre las maravillas y virtudes de las pinturas que pretendía vender. Razón por la cual valían un ojo de la cara. No podemos decir que haya tenido mucho éxito, pues tras los dos primero minutos hemos acelerado el paso y mientras hablaba (en un español aceptable), no nos molestábamos ni en girarnos a mirarle. Pero aún así el insistente vendedor no ha perdido la esperanza y ha seguido dándonos palique.

A pesar de esto hemos acabado muy contentos del tour. Al volver hemos dado una vuelta para seguir viendo con curiosidad los preparativos de la cremación de mañana a la que pensamos asistir, pues parece un acto muy importante.

PD: antes de acabar este post no podemos obviar una información muy importante para todAs las que estéis interesadas en visitar estos templos. Por ello mostramos la siguiente foto de un cartel de uno de los templos que se repite igual en el resto. No vaya a ser que os pille desprevenidas… 😉

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Nos hemos despertado con la sorprendente aparición de la lluvia. Teníamos pensado hacer una bonita ruta por los alrededores de Ubud, a orillas del río Sungai Ayung.

Pero al ver lo gris que estaba el día hemos decidido desayunar con tranquilidad en la terraza de nuestra habitación y pensárnoslo un poco mejor.

Tras darle algunas vueltas y sin tener nada claro, ha parado de llover. Así que nos ha facilitado la faena y hemos decidido dar el paseo que teníamos previsto.

Ya en la calle hemos notado el ambiente de preparación de una celebración importante, aunque no sabíamos bien qué era.

Las calles están siendo engalanadas con una actividad frenética, y mientras veíamos esto nos hemos ido alejando un poco del centro de Ubud. Nos hemos dirigido hacia el cercano pueblo de artistas de Penestarán.  Allí hemos podido ver muchas galerías y talleres de pintura.

 

Además, en un cruce donde había muchísima gente realizando preparativos, hemos decidido tomarnos un refresco y preguntar mientras veíamos qué hacían.

Aquí nos hemos enterado de que el próximo día 18 tendrá lugar una cremación de un miembro de la familia real de Ubud, fallecida hace dos meses.

 

Parece ser que estas cremaciones se realizan cada cinco años independientemente de cuándo haya fallecido la persona, o eso hemos entendido… El caso es que parece la preparación de una boda real o algo parecido.

Tras cotillear un poco hemos seguido nuestro camino, rodeados de palmeras y de una increíble vegetación. Lo malo es que llovía intermitentemente y había peligro de chaparrón. Después de andar unos veinte minutos hemos llegado a Sayan, un pueblo que está al lado del río y rápidamente nos hemos dirigido hacia su margen siguiendo unos estrechos senderosque descienden. Aquí han empezado los problemillas… ya que esperábamos que el camino fuera más sencillo. la pendiente era bastante empinada y debido a la lluvia estaba bastante resbaladiza. A eso añadimos que no llevábamos un calzado demasiado adecuado.

Por suerte una avispado indonesio que nos ha visto inciar el camino nos ha seguido con la clara intención de sacar algo del paseo, aunque la inocencia de Teresa le hacía pensar que era solo buena voluntad. Decir que, a pesar de esto, las vistas ya eran maravillosas.

 

La verdad es que nos ha ayudado en el descenso y una vez abajo el camino era sencillo, aunque al ponerse a llover hemos tenido que parar un par de veces a resguardarnos.

 

El paseo se ha alargado más de una hora, entre arrozales, palmeras, una frondosa vegetación y el río. Incluso hemos visto una preciosa serpiente verde casi fosforescente cuya picadura es mortal, según nos ha explicado nuestro guía Baboo. También hemos visto algunos campesinos que viven en los propios arrozales.

Tras el precioso paseo, hemos vuelto a la carretera, chopados, y hemos decidio coger un taxi para volver. Por la tarde nos hemos relajado en un maravilloso spa con un masaje balinés de una hora cada uno.  Al salir hemos seguido viendo preparativos a todos lados, con gente elegantemente vestida para la ocasión celebrando algo así como una especie de pasacalles, acercándose al palacio de Ubud (centro de la celebración).

Mañana tenemos prevista una excursión de un día a un templo situado en el norte de la isla. Os contaremos a la vuelta 🙂

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En nuestra última noche en Gili estábamos decididos a darlo todo en una noche loca con mojitos y música en directo en el bar Sama Sama, según nos comentaron el mejor bar de reggae de toda Indonesia. Llegamos al son de canciones de Bob Marley y nos pedimos unos mojitos…

 

Teresa incluso empezó a mover el esqueleto (si, si… mejorando incluso el baile de la baldosa). Todo era propicio como podéis ver en la foto…

… si no fuera porque dos canciones más tarde, el grupo se despidió, se acabó la música en directo y nos quedamos con las ganas…¡CON LO QUE PROMETIA LA NOCHE!

 

 

Total, que a dormir y unas horas después nos estábamos despidiendo de las Gili subiendo al barco por la arena de la playa y chopándonos casi hasta la cintura.

Sobre las 2 estábamos en Ubud. La primera impresión no pudo ser mejor, Teresa ya en la bemo (furgoneta-taxi), mostraba una inmensa sonrisa al ver tantas tiendecitas con cosas bonitas, desde preciosos vestidos a figuras de piedra o madera, además de pañuelos de mil colores… en fin, os lo podéis imaginar.

 

 

 

No nos costó nada encontrar alojamiento. Tuvimos suerte, pues enseguida dimos con una bonita y limpia habitación a un precio fantástico, así que tras dejar los trastos y darnos la ducha de rigor estábamos paseando por Ubud.

 

 

 

Además nos hemos encontrado la ciudad decorada y muy colorida con motivo de una importante celebración que tendrá lugar esta semana, según nos comentaron.

 

Ya en el corto paseo que dimos, pudimos maravillarnos con las típicas casas balinesas y con figuras mitológicas por todos lados decorando tantos las entradas como el propio patio interior.

Una delicia pasear por aquí.

 

Aparte de esto, el plan de hoy estaba claro: visitar  el Sagrado Santuario del Bosque de los Monos por un lado y acercarnos al Mercado de Ubud por otro. Así que nos hemos levantado sin prisas y, tras un buen desayuno, nos hemos ido andando hacia el bosque, que está muy cerca de nuestra habitación.

Ya en la entrada nos esperaban tres o cuatro monitos para darnos la bienvenida, lo que no esperábamos es ver tanta cantidad de monos después, ya una vez dentro, pululando por todos lados a su libre albedrío.

 

 

Bonitos son, no vamos a decir que no… pero lo que se dice muy de fiar… pues no, de fiar no. Los muy cabroncetes se las saben todas y hacen todo lo posible por obtener comida o coger lo que les llama la atención, así que mejor no llevar nada en las manos que les pueda interesar.

 

 

El pequeño bosque, que esta prácticamente dentro de la ciudad, es una preciosidad con árboles altísimos y frondosos y un entorno que te envuelve.

 

El tiempo allí pasa volando mirando a todos lados y paseando. Además hay un precioso templo en el centro y figuras con referencia a los macacos por todos lados.

 

 

 

 

El bosque tiene un aire a las películas de Indiana Jones o Tom Raider por las espectaculares higueras y el musgo en las figuras y los templos…

 

 

 

 

 

Como nota curiosa comentaros que, al ver a la gente dando bananas a los monos (hay gente vendiéndolas a los turistas), David se ha animado a participar del ritual turístico y, casi sin darse cuenta diez “monitos cabroncetes” le acosaban  insistentemente y con formas “poco amigables”, lo que ha hecho que, por reparo a esos “dientes asesinos” que mostraban, la donación ha sido rápida… total, que en un abrir y cerrar de ojos se ha quedado sin plátanos.

 

 

En resumidas cuentas, ha sido una mañana fantástica, y para rematar el día, después de comer y descansar un poco nos hemos acercado al Mercado, una locura de tiendecitas llena de tentaciones varias. Eso si, el primer precio que te dan por las cosas es desorbitado (para aquí, claro), y hay que regatear mucho muuuucho. Pero al final, se pueden sacar buenos precios por la gran competencia que hay entre los propios vendedores.

 

Nos hemos enamorado de Ubud. De sus casas, de sus pequeños templos por todas partes, de su ambiente relajado, de sus tiendecitas… mañana seguiremos descubriendo lo que la ciudad nos ofrece, ahora nos vamos a cenar.

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Antes de empezar con nuestra excursión de hoy, queremos hacer una pequeña reseña sobre Kuta. En los dos días que llevamos  habíamos visto playita, calles estrechas con tiendas a ambos lados y mucho tráfico de motos, baretos con música en directo… Un ambiente majo que no se correspondía con lo que se dice de Bali… Pero ayer por la noche se nos hizo tarde para cenar y al buscar restaurante dimos de lleno con la zona de marcha. Para Teresa fue un shock: tantas luces, músicas a la vez, gente por todas partes, tráfico sin freno… ruido, ruido y más ruido! Y no eran ni las 11 de la noche! Podríamos decir que nos pusimos a bailar como locos en medio de la calle, pero sería difícil que nos creyerais, así que diremos la verdad. Nos giramos y buscamos un lugar donde comer algo un poco más alejado. Yo aún tengo la esperanza de convencer a Teresa para que ir a bailar algún día, al menos una horita. Por ver el ambiente.

Dicho esto, el caso es que esta mañana nos hemos levantado decididos a alquilar una moto y visitar un templo. Tras el desayuno de rigor y con los horribles cascos puestos, en poco rato nos dirigíamos al templo de Tanah lot, uno de los más visitados y fotografiados de Bali, también uno de los más importantes y venerados.

Por desgracia pocos kilómetros no significan poco tiempo, y sin darnos cuenta nos hemos metido en un horrible tráfico que ha durado casi todo el camino. Era de unos veinte kilómetros… con lo que nos ha costado llegar más de una hora y media. Para colmo nos hemos perdido un par de veces y lo hemos rematado saltándonos un alto de la policía (porque no nos hemos dado cuenta), con lo que “un hombre de la ley” ha salido con una vespino detrás de nosotros. Nos ha parado pocos metros más adelante y nos ha intentado hacer la de “sois turistas y voy a sacaros pasta porque no tenéis los papeles”. Con la excusa de saltarnos un semáforo (que también era mentira) nos ha llevado frente a su jefe y cuál ha sido su asombro al ver que teníamos el carnet de conducción internacional en regla. Se han quedado sin saber qué decir y a los cinco minutos nos han dicho que nos fuéramos yendo con cuidado y recordándonos que en el semáforo rojo debemos parar. ¡¡¡Vaya tela, con lo que se ve en las calles por aquí!!! Para quien piense que íbamos haciendo el loco, decir que las carreteras aquí son un verdadero caos: centenares de motos metiéndose por todos los recovecos para adelantar por izquierda, derecha, contra dirección… Y nosotros íbamos tranquilamente detrás de los coche para no meternos en líos.

Después de este pequeño incidente y del susto que se ha llevado Teresa, que ya nos veía siendo deportados como criminales (no veas cómo le sudaban las manos…), hemos seguido camino hasta el templo.

Tanah lot es una verdadera maravilla, pues está situado en un pedrusco casi dentro del agua. Nos ha sorprendido muy gratamente y hemos estado paseando por sus alrededores durante un buen rato, disfrutando además de la brisa marina.


Nos ha gustado tanto que hemos decidido comer por la zona y después alejarnos un poco por la costa para ver el templo con perspectiva. Una auténtica delicia ver tanto el templo como la abrupta costa.

Hemos aprovechado también para hacer alguna pequeña compra, y con la práctica que nos da la experiencia hemos regateado y regateado y regateado más… hasta conseguir un buen precio.

Estamos perfeccionando mucho esta técnica, aunque Teresa no acaba de entender que David les ponga cara de enfadado en algunos momentos, les haga una broma en otros y ofrezca una décima parte de lo que le piden inicialmente.

Nuestra estancia aquí está siendo muy grata. Vamos, que estamos disfrutando como enanos. Pero va siendo hora de movernos, pues como nos descuidemos nos quedamos aquí lo que nos queda de mes.

Así que nada más volver, y después de un baño en la piscina, hemos decidido que mañana nos vamos a las islas Gili. Unas pequeñas islas donde no circulan vehículos a motor, al parecer paradisíacas, en las que estaremos tres días rodeados de aguas cristalinas y playas blancas. En fin… os seguiremos contando lo duro que está siendo nuestro viaje… 😉

 

 

Mientras tanto, y para despedirnos de Kuta, nos hemos dado otro homenaje de sushi… pues, como se dice en Valencia “lo que va davant, va davant”.

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