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Hoy hemos tenido todo el día para la isla de Fiona, un lugar increíblemente tranquilo… hasta el punto que puede llegar a inquietar!! Sí…  es verano y las calles están semi-desiertas, la máxima congregación de personas que hemos visto es de 10 o 15… no más… y en pocos sitios. Es algo que nos ha dejado un poco descolocados… En fin, a lo que vamos. Hoy el plan ha sido ir ver el Museo de H.C.Andersen… sí, el escritor de los conocidísimos cuentos infantiles de “El patito feo”, “La sirenita” o “La Reina de las Nieves”… pues ese. Un tipo curioso que tuvo una vida muy difícil, cuya pasión era escribir… bueno, y hacer siluetas recortando trozos de papel. Es increíble la cantidad de modelos diferentes que se pueden ver en el museo.  El caso es que el museo está situado anexo a su humilde casa familiar, y la verdad es que está muy bien montado. Eso sí, centrado más en la persona que en las obras que lo hicieron famoso… esas ya las conocemos todos.

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La verdad es que se nota que todo el centro histórico gira alrededor de esta figura literaria… y la pasión de Enric por este tipo de literatura (por deformación profesional…) la podéis ver en la foto de abajo… 😛

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Una vez hemos salido del Museo no hemos alargado el paseo por Odense, ya que no hemos madrugado mucho y nuestro plan era coger el coche hacía el sur, unos 40km, para visitar Faaborg, un bonito pueblo pesquero con su pequeño centro histórico al lado del puerto. Allí que nos hemos dirigido entre carreteras poco transitadas y rodeados de los bucólicos campos que inundan toda esta isla, predominantemente rural. Al llegar, una preciosa vista del pueblo a un lado… y el mar con unos curiosos montajes para que la gente se bañe… ya que no hay playas de arena para poder acercarse andando.
E3…y como podéis ver la gente sin mucho estrés… ya entendemos eso de que Dinamarca es uno de los paises más felices del mundo… felices y, por añadidura, relajados…

E4La visita al pueblo muy agradable, la verdad, con sus típicas casas… sus flores por todos lados, no en balde esta isla es conocida como “la isla jardín de Dinamarca”, una plaza animada con música en directo mientras la gente se toma algo… esto ha sido lo más animado del día sin duda, así que hemos decidido pegar un bocado aquí y nos hemos comido un delicioso sandwich de salmón… o eso ponía, porque de sandwich tenía poco… pero estaba buenísimo!

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Una vez repuestas las fuerzas, hemos vuelto a coger el coche para ir a el otro pueblo  importante el sur de la isla, Svendborg. Este no era tan bonito como el anterior… y entre eso y que hemos llegado a las 6 con todas las tiendas cerradas y hora local de cerrar… pues era inevitable, hemos paseado por un pueblo casi fantasma. Eso si, el puerto tenía un poquito más de vidilla… con sus bonitas vistas, sus impresionantes veleros… y el ferry que va a las islas que hay en este archipiélago.

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E7…y así, a ritmo pausado pero sin parar de hacer cosas, se nos ha hecho hora de volver hacía el B&B. Eso sí, antes hemos pasado por un supermercado, ya que allí disponemos de cocina y los precios de los restaurantes son desorbitados para nosotros. Va a ser el primer viaje que no me doy un homenaje gastronómico en toda regla… pero es que realmente comer cualquier cosa ya resulta caro, pero ir a un restaurante ¡es una locura!

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Por cierto, aquí está la foto del delicioso salmón que nos hemos comido a mediodía… Y antes de acabar el post de hoy, brindo a la salud de mi padre, que hoy día 16 es su cumpleaños… Está hecho un chaval a sus 66 años!

¡¡MOLTES FELICITATS PAPI !! ET VULL MOLT !

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La vida en Gili Trawangan es fácil. Es una pequeña isla, aunque sea la más grande del grupo de tres, en la que tooodo el turismo está en un lado, distribuido de norte a sur, en primera linea de playa.

 

Nuestro maravilloso bungalow, a escasos 20 metros de agua, y que da a la calle-paseo principal,está siendo un lugar perfecto para disfrutar de nuestra estancia aquí.

Vamos, que no se puede decir que estemos sufriendo, lo que se dice sufriendo mucho…

 

Ayer el día empezó con un buen desayuno en nuestra terracita-porche. Allí, relajada y sin ningún tipo de pudor o miedo, nos encontramos descansando, a la buena de nuestra vecina felina.

Tras disfrutar, como debe ser en el mes de Ramadán,  del “armonioso canto de nuestro vecino el muezín” (vaya tela lo afónico que está, como el ramadán se alargue mucho no va a poder hablar en un mes…), salimos directos a dar un paseo por la playa.

Nuestro objetivo era claro: pasar el mayor número de horas posibles tumbados a la bartola, dedicándonos a la vida contemplativa, y pusimos todo nuestro empeño en ello. Eso sí, como se nos secaba la garganta por las altas temperaturas, tuvimos que ir refrescándola periódicamente.

Eso si, para no pasarnos todo el día tumbados, de vez en cuando nos acercábamos a la playa a darnos un bañito…

Y en una de esas, Teresa se calentó y disfrutó recibiendo fotos “a lo Ana Obregón”.

 

En fin, un día memorable que rematamos a la hora de cenar acercándonos a una fantástico restaurante de los muchos que ofrecen pescado fresco a la brasa, donde lo dimos todo con media docena de gambas de un palmo (no sabemos cómo pueden crecer gambas tan grandes aquí…), un filete de dos dedos de atún rojo fresquísimo y un maravilloso filete de pez mantequilla con el que casi nos ponemos a llorar.

 

 

 

Esto básicamente fue nuestro día de ayer. Hoy en cambio hemos sacado nuestra vena deportiva y hemos cogido una barquita que durante cinco horas nos ha llevado a hacer snorkling a varios lugares alrededor de las tres islas Gili.

No podemos decir que Teresa se haya  sentido como popularmente se dice… “como pez en el agua”. Su iniciación no ha sido muy sencilla, y tras en primer baño más bien parecía un gato nervioso cuando toca un pequeño charco. En fin, no vamos a exagerar. Pero la verdad es que, de momento, Teresa se ha iniciado en una actividad para ella difícil. No daremos más detalles…

 

 

 

La verdad es que la actividad no ha estado mal. Hemos visto coral, pececillos de varios colores, e incluso alguna tortuga. Pero se nota que es una zona en regeneración desde el tsunami, y aún tiene mucho que mejorar.

 

 

 

 

 

 

 

Una vez hemos vuelto, tras descansar un poquito, hemos paseado por el pequeño pueblo de la isla. La verdad es que es otro mundo. La costa llena de restaurantes y de zonas para turistas, perfectamente cuidadas, y a escasos 100 metros hacia el interior aparecen las calles de un pequeño pueblo de no más de 150 habitantes originarios de aquí, llenos de animales de granja y muy sucias. Son como dos mundos. Eso sí, se ve la alegría de las familias y los niños jugando por las calles.

 

 

Justo antes del atardecer hemos vuelto a la playa para dar nuestro último paseo, pues mañana por la mañana ya partimos.

Y como no podía ser menos, el olor de las barbacoas de pescado fresco nos ha obligado a volver al restaurante Scallywag’s, en el que cenamos anoche.

Hoy hemos decidido comernos un maravilloso pescado rojo de un kilo (se llama red snapper, pero no sabemos cómo se llama en castellano) y las riquísimas gambas gigantes de rigor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemos cenado a escasos metros del mar, disfrutando de la espectacular luna llena que hoy nos acompañaba. Un bonito detalle para acabar nuestros días en Gili…

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Y estamos en Gili. Hemos madrugado mucho para salir de Kuta a las 6:30 y entre el camino del taxi y el bote rápido llegábamos a las 11. La verdad es que el viaje ha sido tranquilo y sin darnos cuenta estábamos en una barca verde muy rápida que nos ha dejado en la playa de Gili.

Las Islas Gili son tres, y nosotros hemos decidido ir a la que tiene más ambiente, más movimiento, que es Gili Trawangán. Aunque la verdad es que al llegar tampoco nos ha parecido que estuviera muy masificada.

Encontrar hotel ha sido más fácil de lo que creíamos, de hecho mientras íbamos con las mochilas nos iban ofreciendo habitaciones. Hemos tenido suerte cogiendo un bungalow en primera línea de playa a un buen precio.

Así que contentos y felices hemos dejado los trastos, nos hemos puesto los bañadores y hemos ido a pasear por la playa, una preciosísima playa de arena casi blanca con unos maravillosos tonos azules de agua. Lo que vemos en la tele como playa paradisíaca.

Mientras caminábamos oíamos la llamada del azul turquesa del agua, por lo que no hemos podido esperar a darnos el primer baño.

El agua estaba buenísima y la imagen de reportaje amarillo.

 

Eso sí, mientras yo alargaba el baño Teresa no ha perdido la oportunidad de tomar el sol un ratito.

 

Las referencias que teníamos de estas islas eran contradictorias. Por un lado, había gente que hablaba mal por el turismo y para otros debía ser una parada obligatoria en nuestro viaje. Después de pasar aquí el primer día nosotros nos colocamos en este segundo grupo, ya que aún estamos alucinando con la belleza de la playa a lo que se le une una maravillosa vista en el horizonte de los volcanes de la isla de Lombok.

A veces, huyendo de los lugares turísticos que creemos masificados y sin encanto, nos perdemos maravillas que bien valen la pena visitar… aunque solo sea unos días.

Hemos comido en un bonito restaurante a pie de arena con unas bonitas vistas. Y después hemos buscado una buena sombra para relajarnos y leer un rato.

 

Más tarde hemos visto algunos pececillos con las gafas y el tubo y, ya con la aparición de las primeras sombras y sin que el sol estuviera tan violento, nos hemos bebido el agua de un coco, aunque a Teresa no le ha gustado demasiado. Eso si, en la foto ella está muuuucho más guapa que yo…


Los días aquí se plantean relajados y tranquilos, exceptuando por el horrible cantar afónico y agónico (tienen todo nuestro respeto pero cantan, o mejor dicho, recitan fatal), del muezín de la mezquita de al lado. ¡Qué horror! No queremos ni imaginar cuando mañana prontito, mientras estemos plácidamente dormidos, realice su canto al alba… uuufff…

 

 

Por cierto, en la entrada a nuestro bungalow nos hemos encontrado a un inquilino minino que ha decidido pasar las horas de calor relajadamente a la sombra de nuestro porche…

 

Aquí os dejamos su fotito relajado, aunque no tiene comparación con la preciosa (aunque demoniete…) gatita Li (apreciación de Teresa comparándola con su gata, claro. 😉

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