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Hoy hemos decidido coger el coche y hacer una escapadita hacia el País Vasco francés, en concreto la ciudad fortificada de  Bayona y a un pequeño y pintoresco pueblo de interior con ristras de pimientos rojos colgando de las fachadas de sus casas, Espelette.

Hay muchos lugares interesantes entre Donostia y Bayona (a unos 40km). Puedes disfrutar de Hondarribia, San Juan de Luz, Hendaya o Biarritz, pero como estos lugares ya los visitamos en otra ocasión, hemos decidido ir directamente a esta bonita ciudad donde confluyen los ríos Niver y Adour.

bay1El día ha salido soleado y precioso… lo que no sabíamos era que justamente en estos días de Pascua se celebra allí la Feria del Jamón… por lo que nos hemos encontrado la ciudad con ríos de gente inundando todo su casco histórico entre música, fiesta, comida callejera y carpas feriales.

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Aunque la fiesta siempre es agradable, la verdad es que nos ha trastocado un poco los planes, pues no hemos podido visitar la ciudad como nos hubiera gustado. Aún así, nos hemos podido acercar a la Catedral gótica de Santa María, declarada Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1998. bay3

En su claustro, de 1240, hemos encontrado el único remanso de paz y tranquilidad de toda la ciudad… 🙂 bay4

No ha sido fácil moverse por la ciudad, así que hemos ido paseando por donde hemos podido, pasando por el Chateau-Neuf, el Chateau-Vieux, y por las fortificaciones…

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Finalmente hemos acabado un poco saturados, así que nos hemos dirigido a nuestro segundo objetivo, un tranquilito, pintoresco y bonito pueblo de interior… a unos 20min en coche, Espelette.

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Este pueblo es una auténtica delicia rural con preciosas casas blancas y rojas y que es famoso por el orgullo con el que muestra su producto estrella, el pimiento, el cual lo puedes ver colgando con orgullo de muchas de las fachadas de sus casas para su secado.

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El pueblo, aunque concurrido en estas fechas, respira un ambiente sosegado y tranquilo, con tiendas de productos locales y souvenirs que hacen las delicias de los paseantes. Hemos disfrutado mucho y agradecido esta relajada visita después del jaleo de Bayona así que hemos ido con calma.

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Tomándonos nuestro tiempo para tomar un cafelito y un dulce… 🙂

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Pero hoy teníamos un día completito y nos quedaba un último objetivo, el homenaje culinario del viaje. ¡Una reserva de hace un tiempo en el restaurante de Karlos Arguiñano en Zarautz! Así que hemos cogido el coche y allí que nos hemos dirigido. Hemos llegado al atardecer, así que aún hemos tenido tiempo de pasear un poco por el paseo y ver las enormes olas que hacen de este lugar, uno de los mejores para la práctica del surf.

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Pero no veníamos a hacer surf… sino a comer! Y la verdad es que el restaurante nos ha encantado. Sencillez y clásico, pero con unos platos deliciosos a los que no le hemos podido poner ni un pero. Una experiencia para recordar y un trato exquisito que merece ser reconocido, la verdad.

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Nosotros hemos tirado por el bacalao al pilpil… un clásico, sí, pero nos apetecía y estaba buenísimo. Los entrantes fantásticos y los postres para llorar!! ¿qué más se puede pedir? ¡Hasta nos dado una piruleta de chocolate blanco con el café! :))

En fin, que mañana más… por hoy ya ha estado bien… :))

 

 

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Nuestro último día en tierras Toraja se presento tranquilo. Nos levantamos relajadamente en la habitación del Pia’s Poppies, seguramente uno de los mejores hoteles de nuestro viaje, tanto por la habitación como por la decoración autóctona y el exquisito trato de la familia propietaria.

En el desayuno el zumito de rigor de Teresa fue el de banana, yo probé el “Mona Lisa”, uno que aún no habíamos probado y de cuya fruta desconocemos el nombre. Llama la atención su color rojo intenso y su delicioso sabor…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez desayunados cogimos un bemo dirección al mercado semanal de Ramtepao. Allí paseamos viendo los típicos puestos de frutas, verduras y pimientos, de los cuales hay a montones y los venden en mesuras. Es precioso el juego de colores que se pueden ver en estos mercados..

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La parte más interesante de nuestra mañana fue, sin embargo, al llegar a la zona del mercado de búfalos. 

 

 

 

 

 

 

 

Empezamos andando con mucho cuidado. No sabíamos bien si controlar las astas de los animales o el campo de excrementos que había allí formado… así que teníamos los cinco sentidos en ello. Pero a parte de este pequeño detalle, era muy interesante ver a los propietarios con el búfalo y como los posibles compradores se acercaban, miraban al animal por un lado, por el otro, la boca, las astas… y hacían alguna oferta discretamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

El caso es que por allí estuvimos paseando y viendo montones de animales, algunos de ellos realmente inmensos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La gente de allí nos explicó la importante diferencia entre los búfalos normales y los que tienen alguna parte blanca, considerados como animales de buena suerte  y cuyo valor se dispara solo por esta razón. Entre los que vimos de estas características, había uno que sobresalía en todo el mercado, un ejemplar albino y de grandes dimensiones.

 

 

 

 

 

 

 

Y así, sin darnos mucha cuenta se nos pasó la mañana viendo además algún puesto de pescado fresco y otros de pescado seco.

 

 

 

 

 

 

 

A la hora de comer, y por primera vez en el viaje, se nos empezaba a hacer cuesta arriba la comida excesivamente especiada de aquí, y tuvimos la suerte de dar con un sitio que nos hizo un buen filete de búfalo a la brasa y sin salsas. Estaba muy bueno, aunque la carne resulta un poco más dura que la de ternera o cerdo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tarde fue para movernos por las calles de Ramtepao sin rumbo fijo. Los días aquí nos han hecho sentir a gusto paseando tranquilamente y hemos agradecido que sus gentes sean mucho menos insistentes que en otros lugares (exceptuando los guías).

Nuestro autobús salía a las 9 de la noche así que recogimos los trastos y compramos algunas cosas para picar en el viaje de 8 horas…¡y a que mala hora!

El autobús (empresa Bintang Prima) era una maravilla. Cómodo, con espacio, manta y almohadón. Pese a lo pesado del viaje, llegamos al aeropuerto y tomamos un té junto a la encantadora pareja de catalanes con la que ya habíamos coincidido unas cuantas veces en tierras torajas. Así que hicimos tiempo y la espera se nos hizo más corta, pues nuestro avión salía a las 9 de la mañana. El vuelo sin problemas y nuestra llegada a Kuta perfecta, pues tuvimos suerte de tener habitación en el mismo hotel que la vez anterior.

Así que nos queda el fin de semana de despedida en Kuta y la hemos encontrado con muchos menos turistas que la vez anterior que pasamos por aquí. Hoy hemos vuelto a ver su precioso atardecer paseando por la playa y no nos lo pensamos perder los dos días que nos quedan por aquí.

 

 

 

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Ayer de buena mañana y después de nuestro desayuno de rigor, alquilamos una moto con el objetivo de seguir conociendo las tierras de los Tana Toraja. Esta vez el objetivo era el pequeño pueblo de Londa, situado al sur de Rantempao. Nada más llegar allí un hombre nos ofreció acompañarnos a visitar cuevas de enterramientos con una lámpara de aceite previo pago de una pequeña cantidad. Nosotros dudábamos de su necesidad, ya que después de estar aquí casi un mes sospechamos de casi todo… menos mal que finalmente accedimos.

 

 

 

 

 

 

 

 

El guía nos acompañó en la entrada a la cueva, que como veis en la imagen está custodiada por un balcón de figuras de madera, llamadas tau tau, que son réplicas de los difuntos allí enterrados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el interior de la cueva todo está completamente oscuro, la luz del guía ilumina lo poco que puede… En los apenas diez minutos que dura el paseo por su interior vimos montones de ataúdes de madera muy viejos, algunos de ellos incluso abiertos que ya han cedido por el paso del tiempo, calaveras y huesos desperdigados… A Teresa incluso le dio un poco de mal rollo estar allí dentro.

La explicación del guía fue muy interesante: nos comentó las diferencias de enterramiento en función de las clases sociales y el por qué de algunas de las ofrendas que los ataúdes tenían a sus lados. Nos llamó la atención que dado el valor que ellos le otorgan a la muerte los ataúdes estuvieran en ese estado tan descuidado.
Una vez visitado la aldea de Londa seguimos nuestra ruta a Ke’te Kesu, famoso por sus tongkonans o edificios tradicionales Toraja y los graneros de arroz tradicionales, y también por algunas tumbas colgantes ubicadas en la pared de un precipicio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegamos con la libertad que nos daba movernos con la moto a nuestro aire y tuvimos la suerte de no encontrar prácticamente turistas. Paseamos por las llamativas edificaciones torajas que tanto le gustan a David y disfrutamos del bonito, y ya a estas alturas familiar, paisaje que nos rodeaba entre campos de arroz.
Tras este paseo nos acercamos a las tumbas colgantes. De camino a ellas pasamos por las típicas tiendas de souvenirs artesanales, y tuvimos la suerte de ver a un joven tallando la madera con una especie de cuchilla. Estaba concentradísimo haciendo esa preciosa tabla que seguramente vendería después en su tienda.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya en las tumbas colgantes vimos la bonita montaña cortada en la que se adivinan los féretros. Era muy impactante ver aquellos ataúdes insertados en la montaña al borde del precipicio. En sus márgenes montones de huesos y calaveras se amontonaban.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya de vuelta vimos algunas casas de la arquitectura típica de la zona hechas expresamente para el transporte de los féretros de la clase alta en las celebraciones funerarias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de nuestra excursión y de picar algo de comer, volvimos a Rantempao y dimos una vuelta alrededor de la ciudad. Se nota que la vida aquí es mucho más rural, aunque nos ha gustado cómo los Toraja reciben a los turistas. Son muy simpáticos, saludan con un “hello mister!” a cada paso, sonríen constantemente.
Después de nuestro paseo no se nos hizo muy tarde ya que habíamos encargado para cenar una cena típica Toraja. A las 20 horas estábamos sentados en la mesa del restaurante de nuestro hotel y comenzó el desfile de platos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pedimos un entrante muy rico que aún estamos dudando que era… de todas maneras, el plato fuerte vino después.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pedimos la comida típica toraja: es especial porque introducen en una caña de bambú la carne, en nuestro caso fue cerdo pero también puede ser búfalo o incluso pescado, troceado con muchas especies, entre las cuáles se nota mucho el jengibre y otras que no tenemos muy claro cuáles son, y lo cocinan a fuego lento durante al menos dos horas. En la comida lo acompañan con verduras a la plancha, arroz blanco (cómo no…) y otro arroz de color marrón que está riquísimo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vamos, que nos pusimos las botas. ¡Estaba todo riquísimo! Una perfecta noche de despedida de los Toraja, ya que al día siguiente sería nuestro último día en esta zona de Sulawesi con tanto encanto.

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Ayer por fin fuimos a ver uno de los famosos funerales de los Tana Toraja. Estos duran al menos cuatro días, dentro de los cuales se realiza una recepción de invitados, alguna pelea de búfalos, sacrificios de animales diariamente (cerdos y búfalos), procesiones y a veces también bailes.
Nosotros salimos a las 9 de la mañana en una furgoneta con los otros 4 españoles que conocimos, el guía y un conductor. Primero dimos una vuelta por el mercado de Makale, una ciudad cercana, donde vimos un poco de todo como bonitos puestos de verduras o de arroces diversos…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

O el impactante mercado de cerdos con montones de enormes ejemplares expuestos atados a palos de bambú.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez visto y paseado cogimos la furgoneta en dirección al pueblo del funeral. Estaba cerca… si… pero el guía no tenía ni la más remota idea de cómo llegar. Tras preguntar la dirección empezamos el camino, que al principio estaba asfaltado. El problema vino cuando el asfalto se convirtió en un camino de cabras y a cada bifurcación, el guía no sabía para donde tirar. La elección era poco más o menos que a cara o cruz, de manera que cuando veíamos a alguien el guía le preguntaba y varias veces nos tocó girar y volver hacia atrás. La verdad es que no pude evitar preguntarle al guía” educadamente” como es que no tenía “ni puñetera idea de cómo llegar” y él, como era de esperar, sonrió y poco más.
Pero como todos los caminos llevan a Roma… y por esta zona también al funeral, finalmente llegamos al lugar en cuestión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez allí el guía nos dirigió a la zona de invitados, pues era el día de la recepción. Allí nos invitaron a te y pastas y nos ofrecieron tabaco, como es costumbre. Nos vinieron a saludar representantes de la familia del fallecido y le entregamos un regalo en señal de agradecimiento, que como es costumbre era tabaco.
El procedimiento en este día de recepción consiste en que las familias invitadas van llegando en grupo a modo de procesión. Delante van los hombres llevando cerdos como regalo, pues la tradición dice que las almas de estos animales acompañaran al difunto tras ser sacrificados.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras ellos, llegan las mujeres en procesión de estricto negro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y una vez allí, toda la familia es invitada a te y pastas en espacios habilitados para ello. Todo esto es relatado por un presentador, micrófono en mano, que indica qué familia entra y los regalos que trae.

 

 

 

 

 

 

 

 

Esto se va repitiendo familia tras familia.
Cada animal que era traído, era llevado a una zona apartada para allí sacrificarlo y preparar en el momento comida para los invitados. Nosotros nos acercamos a verlo y, aunque pueda parecer muy violento, se trataba de una forma muy natural. Incluso nos invitaron a algún trozo de cerdo a la brasa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y poco más que destacar, ya que esto se estuvo repitiendo todo el tiempo que estuvimos allí. Son famosos los sacrificios de búfalos pero no coincidieron ese día por lo que no pudimos verlos.
Como nota de color eran muy llamativos los vestidos tradicionales que llevaban los niños de la familia para la recepción…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y las ofrendas…

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras nuestro paso por la celebración fuimos a comer algo entre risas y bromas con nuestros compañeros españoles, y después nos dirigimos a visitar la zona norte de Rantempao. Una zona de montaña realmente preciosa con unas vistas fantásticas en la zona de Batutumonga pero con unas carreteras para acceder a ellas realmente lamentables. Fue una pena no tener más tiempo, pero a pesar de ello disfrutamos de los pequeños pueblos por donde pasamos y de las vistas.
Se nos pasó la tarde volando.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Ya estamos en las tierras de los Tana Toraja, en Sulawesi. El viaje de ayer estuvo bastante bien planificado, pues fuimos enlazando el taxi hasta el aeropuerto de Denpasar con el vuelo a Makassar y una vez allí cogimos en seguida el autobús nocturno que nos ha traído a Rantempao, capital de estar tierras. Después de las infernales 8 horas que duro el trayecto ya estamos en Rantempao.  Y decimos infernales no porque el autobús estuviera mal, sino por el estado de la carretera que es bastante lamentable en algunos tramos.
Ayer llegamos tan cansados que tras encontrar habitación en un bonito hotel estilo Toraja, dormimos plácidamente casi hasta la hora de comer y por la tarde nos dedicamos a pasear.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy ha sido diferente. Ya repuestos hemos tenido un precioso día. Hemos alquilado un moto para recorrer la zona sur de Rantempao y la experiencia ha sido tan buena o más de lo que esperábamos.
Hemos salido sobre las 11 y hemos encontrado la carretera semidesierta. Hoy es domingo y los Torajas son cristianos, así que es el día de descanso y la gente debía estar en la iglesia. El paisaje es sencillamente espectacular.

 

 

 

 

 

 

 

 

Se combina el verde de los árboles con los campos de arroz,  algún río donde encuentras, por ejemplo, búfalos bañándose, y preciosas montañas rodeando todo el paisaje.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemos llegado a nuestra primera parada: Lemo, la zona funeraria más conocida de Tana Toraja. Allí hemos visitado las tumbas de un jefe Toraja que reinó hace cientos de años y sus descendientes. Como podéis ver, están situados en una escarpada pared de roca donde colocan una especie de figuras funerarias algo tétricas, la verdad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Muchas de estas figuras inspiran la artesanía de la zona, centrada en el trabajo de la teka y los huesos de búfalo.

 

 

 

 

 

 

 

 

A partir de aquí, aunque teníamos una ruta marcada, nos hemos dejado llevar dirección Makale, disfrutando del paisaje.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemos encontrado un bonito, aunque dudamos de su consistencia, puente de bambú…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y sin saber muy bien cómo, pues las indicaciones son bastante escasas, hemos llegado a Makula, un pueblo con fuentes termales y piscinas dónde hemos comido de maravilla, rodeados de arquitectura típica y gente muy sorprendida por vernos en esos lugares, como estas niñas que nos pidieron que nos hiciéramos fotos con ellas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez repuestos nos hemos acercado a otro lugar marcado en la ruta, las “baby craves”, tumbas de recién nacidos situadas en un árbol sagrado. Suena tétrico, pero es que los Toraja construyen su vida entorno al sentido de la muerte, y su manera de vivirla es una de las cosas que los convierte en un pueblo singular.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Teníamos más lugares marcados en la ruta de hoy, pero como decidimos sobre la marcha, la hemos cambiado al vernos sorprendidos al ver un numeroso grupo de gente reunida en un terreno. Allí, nos hemos encontrado con una actividad o juego de niños sorprendente. Consistía en un palo de bambú de gran altura con unos premios que colgaban de la parte superior para los que consiguieran alcanzarlos, entre los que había además un pato y una gallina vivos.
La actividad consistía en que los niños se organizaran para escalar el palo, que además estaba embadurnado de algo resbaladizo que tenían que ir limpiando, hasta llegar a los premios.

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos ha divertido tanto la situación que no hemos dudado en quedarnos un rato, aunque finalmente nos hemos sin que los niños llegaran a los premios.
Ya de vuelta hemos seguido con la misma dinámica de paisajes, arquitectura Toraja y gente encantadora que nos saludaba a nuestro paso siempre con una sonrisa, con gestos amables y algo sorprendidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemos llegado contentísimos y ya tenemos preparada la salida de mañana. Nos dirigiremos a un funeral Toraja, algo de obligada asistencia si llegas a estas tierras, con un guía para que nos lo explique con detalle y unos españoles que hemos conocido. Seguro que será una experiencia inolvidable.

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Estamos en el aeropuerto, destino Sulawesi, para visitar las tierras de los Tana Toraja.
Nuestros planes se han complicado estos días al querer ir a Flores, para visitar Komodo con sus dragones y algunas islas bonitas, al ser imposible encontrar vuelo de vuelta. Ya en los últimos 10 días nos ha dado miedo quedarnos tirados tan lejos de Jakarta, así que hemos pasado al plan B. Se nos queda pues pendiente… una buena excusa para volver en otra ocasión.
Nuestro último día completo en Ubud tenia expectativas de grandeza real. Ayer era la cremación de una mujer de la familia real, fallecida hace dos meses (osea, que el cuerpo estaría fino fino…) y todo el mundo llevaba días hablando sobre el tema y preparando ofrendas para la ceremonia. Al parecer era algo muy excepcional y no podíamos perder la ocasión de ver algo así.
Eso si, el programa no era muy claro precisamente. Cada uno nos decía lo que le daba la gana cumpliendo la “ley indonesia” que dice que si no sabes lo que te pregunta el turista, te lo inventas y ya está.
Al final creímos entender que el “sarao” empezaba a las 11, a las 12 se trasladaban las impresionantes figuras al cementerio y una vez allí, se procedería a la cremación. Es decir, que a las 2 todos a comer… pues bien, no llegamos ni a merendar!!
Aquí podéis ver las impresionantes figuras y algunos bonitos detalles en ellas…

 

Sobre las 11 la gente iba llegando y acumulándose alrededor del palacio, dónde estaban las figuras. Allí iban apareciendo grupos con música y además todas las personas que se encargarían de llevarlas a hombros.

 

 

El ambiente empezaba a ser muy animado cada vez con más y más personas pululando, ya que había llegado gente de toda la región. Los vendedores, cada vez más pesados, iban a la caza del turista con material de todo tipo, desde figuritas a máscaras de madera… aunque los que se llevaban la palma eran los vendedores de bebidas, por el asfixiante calor, y las “insistentes” mujeres que vendian sarungs, pareos para cubrir las piernas.

Poco después de las 12 empezó el movimiento. Tras unos chillidos y unas salvas para animar a los porteadores, el inmenso toro se levantó y dio sus primeros pasos mientras la gente, que inundaba la calle, jaleaba el acontecimiento. Un poco más tardó la otra figura que portaba el ataúd en su parte alta, el cual habían subido mediante una inmensa escalera hecha de bambú. Fue impresionante ver cómo el “armatoste” se levantaba y se ponía en movimiento mientras la multitud iba detrás.

 

El camino se hizo largo, aunque a penas eran 500m ya que los porteadores tenían que parar cada 50 metros más o menos a descansar y además hacía mucho calor. Así que de camino, como no vendían pipas, nos compramos unos huevos de codorniz.

 

 

 

Empezábamos a estar ya cansados a estas alturas del evento, pero pensando que seria llegar y proceder a la cremación, aguantábamos con buen humor.
El caso es que llegamos al cementerio, colocaron las figuras, la gente se empujaba por verlo de cerca y pasó una hora… y dos…
Nos hicimos una fotito para la posteridad…

 

…y seguimos esperando, y esperando…aunque eso si, la gente seguía expectante.

Y los niños, como en todos los lugares, comían dulces mientras tanto…

La espera se empezaba a hacer eterna, cada vez había menos gente y no había movimiento. Además nadie nos decía con certeza a que hora sería la esperada cremación. Y decimos “con certeza” porque no podemos olvidar esa educada regla indonesia que hemos nombrado antes…  así que, tras preguntar a 5 personas… teníamos cinco posibles respuestas, para que eligiéramos la que más nos gustara.

 

Visto esto decidimos ir a comer alguna cosa, y al volver ¡milagro! la cosa se movía ligeramente… ¡estaban moviendo a la muerta!

 

Pero debe de ser muuuy difícil mover a la pobre mujer, porque media hora después seguían en sus trece… y ya nuestra paciencia, de origen judeo-cristiano, llegó a su fin y un poco hartos  nos fuimos con la sensación de haber desperdiciado un día con algo que no tenía más de una hora de recorrido…

 

Así que nos quedamos sin ver la importantísima falla indonesia.
Para colmo, habían cortado la luz de toda la región por la cremación… si… nosotros tampoco entendemos exactamente la relación directa entre estas dos cosas, pero la debe de tener. El caso es que no había nada fresco en los bares, no funcionaban los ventiladores ni los aires, no iban los cajeros y nosotros íbamos “pelaos”…
Pero, por fin, alrededor de las 7 de la tarde cual aparición divina ¡se hizo la luz! y pudimos ducharnos, cenar tranquilamente y preparar las cosas para salir hoy camino de tierras torajas, en Sulawesi, nuestro próximo destino…

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