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Posts Tagged ‘chocolate’

Ayer nos levantamos con el plan claro… vuelta a Copenhagen para devolver el coche y dar un último paseo antes de coger el avión dirección Zurich. Decir que el servicio con Europcar fue perfecto, el coche casi nuevo y en perfectas condiciones.. y los empleados muy amables. Llegamos media horita tarde y, no hubo ningún problema. Una vez en la capital, nos acercamos a la estación de tren para dejar en sus taquillas las mochilas y poder dar el último paseo.

Ciudad bonita y agradable Copenhagen, a la que hemos considerado la ciudad de las bicis… sí, ya se… hay más ciudades en Europa con estas características, pero en Copenhagen dominan las bicis! 🙂

S1Así que le hemos hecho un pequeño homenaje fotográfico…

S2Como no podía ser de otra manera, nuestro paseo fue por la bonita City Hall Square y de allí por la clásica, peatonal y bulliciosa Frederiksberggade y su continuación, llena de souvenirs, tiendas y plazas con mucho encanto… aunque nuestro objetivo era llegar a darle un último vistazo a lo más bonito, a nuestro entender, de la ciudad, el precioso Nyhavn

S3…y eso sí… antes de irnos, finalmente pudimos hacernos una fotito en la escultura de H.C. Andersen más cotizada de todas, la que está en la City Hall Square y sieeeeeempre estaba rodeada de japoneses!!!!!

S4Así pasamos el día de ayer antes de coger el avión y plantarnos en menos de 2 horitas en tierras suizas. Llegamos tarde a Zurich, eso sí, así que nos dirigimos directamente al hotel Ibis Budget airport, muy bien situado y funcional, además de muy correcto. Eso sí, caro! Bueno… caro para nosotros porque en Zurich fue lo más asequible que encontramos… pero bueno, solo era una noche para poder conocer la ciudad al día siguiente. Así que hoy nos hemos levantado con toda la mañana para dar una vueltecita por Zurich y poder decir que la conocemos. A la puerta del hotel, el tranvía nos ha llevado en media hora a la estación central, lugar perfecto para empezar un paseo por el casco histórico.

S5Como queríamos probar algo típico, hemos desayunado un Bircher muesli, yogurt con frutas y muesli que, la verdad es que estaba muy bueno… lo que pasa es que entre eso, el curasán y el café… casi nos da un patatús!!!! Menudo robo a mano armada!!! En fin… todo sea por conocer la bonita Suiza… 🙂

S6El paseo muy lindo. Calles empedradas a ambos lados del río Limmat antes de llegar al lago… viendo el reloj más grande de Europa (eso dicen) en la St. Peter Church.

S7Un lago con montones de cisnes y mucho ambiente alrededor. Sin olvidar las tiendas de chocolate y las de relojes!!!

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También hemos visto un bonito autobús antiguo que hace una ruta turística de una hora por los lugares más emblemáticos…. Sí, nos hacía gracia cogerlo… pero al ver el precio (y después de darnos cuenta de que no era un error) hemos creído conveniente no tirar dinero de esa manera. Además, con lo bueno que es andar y que ha llovido un poco y ha refrescado… ¿cómo no íbamos a disfrutar del paseo a pie? :))

S9En fin, la mañana a pasado volando y, después de dar un bocado, el tiempo se nos ha acabado. La escapada Dinamarca-Suecia-Suiza ha llegado a su fin. Tocar tres países en una semanita no ha estado nada mal.

S10

El verano ha empezado muy bien… seguiremos en nuestra labor de ir conociendo lugares y formas de vivir diferentes. Este ha sido un viajecito a un ritmo lento, sin lugares muy espectaculares pero que tienen mucho encanto. Copenhagen es un lugar muy bonito que bien merece unos días… los castillos… pueblos marineros… paisajes tranquilos y bucólicos… silencio… el encanto de Zurich…  Veremos que nos depara el próximo. de este volvemos con la sonrisa en la boca… :))

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Empezamos el día camino de la Torre de Tokyo: un high-light que no nos queríamos perder. El día ha salido caluroso, muy caluroso… y algo nublado. Pero aún así no hemos querido perder la oportunidad de subir a este símbolo de Japón. Evidentemente es un monumento que recuerda a la Torre Eiffel, solo que con colores más chillones. Mide 333 metros, por tanto, 13 metros más altos que la torre francesa en la que se inspira.

1Lo curioso es que la torre está hecha con acero de la chatarra recuperada al final de la II Guerra Mundial. 

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Estas son las vistas desde el mirador principal:

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Y desde arriba hay una ventana de cristal situada en el suelo con la que puedes observar cómo queda todo bajo tus pies. No apto para personas con vértigo 😉

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 Por lo demás la visita es muy recomendable. Quizás por la noche sea más espectacular, pero de día no está nada mal. Nosotros pensamos en visitar un par de miradores por la mañana y por la noche, para poder disfrutar de las vistas con más y menos luz y desde distintas perspectivas.

Ah! Se nos olvidaba… Si Nueva York tiene a King Kong en el Empire State, los japoneses y su Torre de Tokyo tienen a Godzilla:

4Continuamos ruta en otra dirección. Al salir, pasamos por el Templo budista Zojo-Ji. Un poco cansados de templo a estas alturas del viaje decidimos no entrar, pero en el exterior nos encontramos estas preciosas figuritas que bien merecían unas fotitos. Su significado lo sabemos gracias a Japonísmo que nos explica que se llaman estatuas Jizo, representaciones del bodhisattva Jizo Bosatsu, que por un lado es el guardián de los viajeros y por otro de los niños y la maternidad.

6Continuamos ruta hacia otro de los imprescindibles de Tokyo para ver al perro Hachico y el famoso cruce de Shibuya. Hachico es famoso por haber estado esperando a su amo en la estación durante más de diez años, allá por los años veinte.

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En cuanto al cruce, en considerado el más transitado del mundo y se le conoce como The Scramble (el barullo). A veces hasta 1.000 personas lo atraviesan a la vez… un perfecto desorden organizado. Eso sí, cuando el semáforo se pone en rojo no queda ni un peatón en el cruce. La mejor manera de verlo es desde el Starbucks que está justo enfrente, que es desde donde se hacen las fotos.

8Fue curioso que en medio del semáforo nos parara un periodista que nos entrevistó en inglés, con el cruce de fondo, pidiéndonos opinión sobre belleza y fealdad de mujeres japonesas. Lástima que no podamos ver cuál fue el resultado de lo que grabaron… jeje.

Siendo domingo era el día perfecto para acercarnos al barrio de Harajuku para ver lo que se cuece en esta zona los domingos, llena de jóvenes japoneses luciendo estéticas variopintas  (conocidas como cosplay).  La calle Takesita-dori estaba abarrotada de gente, entre las que encontramos a jóvenes como estos:

910El barrio es una espectáculo de tiendas, música, color, chucherías, dulces… un empalago de estímulos que vale la pena visitar.

11La visita a este bazar de la subcultura local nos abrió el apetito, por lo que fuimos en busca de un restaurante que nos aconsejaron los de Sushi Home para probar otra de las especialidades japonesas: cerdo empanado o tonkatsu. El restaurante en cuestión se llama Maisen. El cerdo (y todo lo demás) estaba delicioso!

13Con el estómago lleno se pasea más a gusto 😉 Encontramos cosas tan curiosas como este robot de compañía que responde casi como una persona, ya que puede descifrar las emociones humanas: era la estrella de la tienda. Lástima que nos hablara en japonés y no le entendíamos…. ni él a nosotros. El modelo era concretamente este:

12Tiendas de muñequitos las hay a montones. Nosotros entramos a Kiddy Land: cuatro plantas que son el paraíso para los niños (y no tan niños).

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Y ya que el calor había bajado un poquito (más o menos de 35 a 30 grados… jeje), nos acercamos a buscar las bandas de rockabilly en el Parque Yoyogi. Parece que todos los domingos por la tarde se juntan a bailar música rock and roll. Un auténtico espectáculo digno de ver.

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16Como buenos pandilleros a lo Grease, después de un rato bailando y siendo los reyes del parque, hubo un pequeño altercado (no sabemos si por territorio o por qué), que acabó con unos empujones y con la fiesta.

17Así que con todos los objetivos del día cumplidos, hemos pillado un último tren para ir a la tienda exclusiva de Kit Kat en Tokyo que conocimos gracias a una excelente web sobre Japón: Japonismo.

18kitkatComo os podéis imaginar, pocas dudas hay de lo bueno que está el Kit Kat de chocolate picante o de té verde :))

Cansados pero contentos (y endulzados) no quedaba más que volver a descansar y coger fuerzas para mañana… penúltimo día en Tokyo. 

 

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Este año elegimos Bélgica como destino de nuestra escapada navideña. París tuvo un sabor especial el año pasado en Navidad y Bruselas, Brujas y Gante también lo han tenido.

La iluminación de las calles, los árboles de navidad, la decoración, los puestos callejeros… ponen luz y color a todos los lugares, y si estos ya tienen encanto de por sí los hacen más bonitos si cabe. Bruselas no tiene precisamente la fama de ser una ciudad bonita. Mi opinión después de visitarla es que no es una ciudad fácil de la que te sientas atrapado nada más llegar (como si pasa con París), pero sí creo que como la gran parte de las grandes ciudades tiene un encanto especial digno de ser descubierto. Quizás tiene que ver que la visitamos en Navidad. Dejando a un lado el hecho de que me pareció una ciudad carísima creo que tiene rincones con mucho encanto y barrios que merecen ser disfrutados callejeándolos.

De Brujas decir poco más de lo que todo el mundo que la visita afirma… ¡es una auténtica ciudad de cuento de hadas! Cada rincón, cada casa, cada canal… merecen ser fotografiados. Sin duda es un lugar al que me gustaría volver muchas veces. Gante nos recibió con una buena lluvia la mañana que la visitamos, pero pese a la incomodidad que supuso visitarla en ese estado me pareció una ciudad muy bonita, también con muchísimo encanto y muchas posibilidades que merece ser visitada un día soleada para disfrutarla al máximo.

Sin más, decir que, pese al frío que es normal pasar durante esta estación en ciudades como estas, merece la pena una escapada navideña como esta: con una buena bufanda y unos buenos guantes las luces de navidad iluminan de manera especial ciudades tan bonitas y con tanto que enseñarnos como Bruselas, Brujas y Gante.
                    Teresa

Ya de regreso de esta bonita escapada navideña, tiempo de reflexiones y de vuelta a la vida cotidiana. Elegimos Bélgica, como tanta gente, por descubrir esa joya que es Brujas. Lugar que te transporta a otros tiempos, un museo que disfrutas paseando y descubriendo sus rincones. No nos defraudó para nada. Queda para el recuerdo andar tranquilamente por sus calles empedradas mientras un carro tirado a caballos se acerca, mirar los preciosos canales con maravillosos edificios medievales por todos lados o imbuirse de la vida de la plaza del mercado (Markt) y sus impresionantes edificios. Gante se enfadó con nosotros, tal vez por dedicarle solo unas horas, y decidió dejarnos con las ganas de disfrutar bien de ella. La lluvia fue impenitente pero pudimos ver lo bonita que es la ciudad y quedarnos con ganas de una nueva visita, con más calma y buen tiempo. Queda pendiente.

Y sobre Bruselas decir que, aunque no esté entre las ciudades más bonitas de Europa, bien merece una visita de unos días. Tiene un centro interesante y una plaza espectacular, museos para dar y vender a los que puedes dedicar los días que quieras y unas cuantas cosas diseminadas que valen la pena.

Imaginar, buscar, comparar, decidir, prepararse, leer, volar, disfrutar, comer, asombrarse, sonreír, recordar…  esto es un viaje, antes, durante y después, un proceso en el que yo al menos, disfruto como un enano y me sigo maravillando del mundo y todo lo que nos ofrece.

Bélgica ya es un recuerdo, ahora viene el tiempo de pensar en el próximo proyecto, aunque con la situación actual parece mas incierto que nunca… veremos como lo montamos, yo mantengo la esperanza por malas que sean las noticias… nos adaptaremos en la medida de lo posible y seguiremos conociendo este sorprendente mundo en el que vivimos. Hasta la próxima,

              David

 

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Hoy nos hemos levantado pensando en la fantástica cena que nos dimos ayer, como despedida del viaje. El lugar fue un restaurante de comida francesa y flamenca, el In Den Wittenkop, situado no muy lejos de la Markt, y ambientado con música jazz.

 La comida fue simplemente deliciosa, para mi un “magret de pato perfumado a la flor de lavanda con patatas gratinadas”, (que si, el pato y las patatas los encontré… pero lo de la flor de lavanda ya se me escapó) y para Teresa “conejo con salsa de ciruelas” que se deshacía en la boca. Ya sabéis que somos de buen comer, así que disfrutamos como enanos, eso si, para que no saliera muy caro preferimos no pedir vino y pedir un único postre, un buenísimo pastel de manzana con helado de vainilla que compartimos.

 

Y para rebajarla, nos colocamos bien la bufanda para resguardarnos del cortante frío, y nos dimos nuestro último paseíto nocturno por el centro.

 

Esta mañana, la suerte nos ha vuelto a acompañar en forma de buen tiempo y como teníamos hasta mediodía antes de coger el tren lo hemos aprovechado para subir al Belfort (Campanario de Brujas) de 83m de altura y con 366 escalones. La verdad es que no se ha hecho pesado y las vistas desde allí son impresionantes, ahora si, barato no es. Vamos, que es un robo los 8 euros que vale… pero si no hubiéramos subido seguro que nos habríamos arrepentido.

Después ha sido el tiempo de las inevitables compras que hemos ido posponiendo hasta el final. Así que a andar mirando una tienda por aquí y otra por allá pensando en encontrar lo mismo más barato aquí que allí… pero vamos, que no, que los precios son estándar para casi todo. De hecho, el mayor dilema es que tienda de chocolate belga te gusta más o te hace más gracia… porque algo de chocolate hay que comprar!!

Último vistazo a los canales y al Ayuntamiento y poco más, sin darnos casi cuenta era hora de coger el autobús hacia el hotel…

¡por cierto! Importante detalle es avisar de que los billetes del bus tienen un precio de 1,20e si lo compras en la maquina o en el estanco… pero ¡¡vale 2 euros si lo comprar al conductor!! Por increible que parezca es casi el doble…

Total, que hemos recogido las maletas, subido al tren hacía Bruselas y allí, en la Gare du Nord hemos hecho un transbordo que nos ha llevado al aeropuerto, donde cogíamos el avión de vueling que nos ha traído de vuelta a casita… el viajecito toca a su fin y volvemos al día a día y a la cruda realidad que nos acecha…

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Llegó el último dia del año y nosotros hemos decidido empezarlo acercándonos al Museo de Hergé, que está en Louvain la Neuve, un pueblo a las afueras de Bruselas. Se puede llegar desde cualquiera de las Gares pero hay que saber que la mejor manera es haciendo un transbordo en Ottignies. Por suerte, está coordinado para llegar en poco más de 30 min en total.

El Museo está al lado de la estación, así que no hemos tardado en llegar al precioso edificio que lo alberga rodeado de árboles. Todo el edificio está dedicado a Hergé y, sobretodo, a Tintín. Los detalles aparecen por todos lados, desde la misma entrada, con un enorme panel de Tintín a las paredes interiores decoradas con siluetas y diferentes colores. La carta del restaurante, por ejemplo, es como una edición de la revista donde empezó a pintar Hergé de joven.   

El precio (9,50e) incluye una audio-guía en español. De allí subes al tercer piso y te sorprende la fantástica organización y distribución del material, además de la buenísima explicación que hace que resulte muy ameno. No me extenderé más, pero son 3 plantas de material exquisito y muchas veces sorprendente…lástima que desde la entrada ya te avisan de que nada de fotos…

Hemos dedicado cerca de 3 horas a la visita, así que nos hemos comprado unos bocatas y hemos cogido el tren de vuelta.  El pueblo no tiene más…

Nos hemos tomado hoy casi como el día del cómic, así que nos hemos acercado al centro y hemos hecho un trozo de la ruta de los murales del cómic mientras callejeábamos tranquilamente. Muy chulo ver murales enormes de repente al girar una esquina cualquiera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y para acabarlo hemos entrado en la tienda de Tintín y no nos hemos podido resistir a comprar alguna que otra cosa… si, muy turístico y carillo si, ¡pero es que es espectacular!

Las piernas ya empezaban a resentirse, pero aún hemos querido dar un paseo hacia la Rue des Sablons, zona repleta de las chocolaterías más famosas, como Wittamer (una de las más tradicionales desde 1910), Marcolini, Neuhaus, Pure, Leónidas o Godiva…entre otras, eso si, a precios casi prohibitivos en tiempos de crisis. La zona estaba toda decorada con luces navideñas y la verdad es que tiene su encanto. Eso si, después de pasear un poco, hemos tenido que buscar un lugar donde mojar la garganta, y que mejor para eso que una cervecería.

La tarde la hemos rematado con el gofre de chocolate de rigor  callejeando un poquito, pero ya no sentíamos las piernas así que no lo hemos hecho largo y hemos buscado un metro salvador que nos trajera de vuelta al hotel.

Ya en el hotel, nos ha parecido excesivo los 100e que vale la cena, y además no hemos traído frac ni vestido de noche, así que hemos comprado unas cervezas belgas y pizza turca y tan contentos.

Y aquí estamos esperando las campanadas con muy pocas ganas de ir a la Grand Place (como teníamos previsto) por la rasca que hace.

En fin, nuestro mejores deseos para todos y todas desde el hotelito…

¡¡FELIZ AÑO NUEVO 2012!!

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¡Cansadísimos del primer día por Bruselas!

El vuelo ayer con Ryanair fue normal, sin problemas, hasta que aparecieron las turbulencias. Las primeras las pasamos como buenos exploradores, pero una vez aparecieron las segundas y las terceras Teresa empezó a encontrarse un pelín mareada. Menos mal que unas galletas de chocolate lo arreglan casi todo e íbamos bien preparados…

El caso es que llegamos a Charleroi y en escasos quince minutos esperábamos el bus que en 45min más nos llevó al centro de Bruselas (13e por trayecto).

De allí, un metro (1,80e) hasta la parada de Botanique donde llegamos al hotel. Esperábamos que estuviera bien… pero la verdad es que está mejor!! La oferta que encontramos en Trivago por 3 veces menos de lo que vale es magnífica y la habitación… como podéis ver, una pasada!

Así es mucho más fácil descansar y relajarse… ¡¡espero que no nos estemos aburguesando!! Jeje

El caso es que hoy nos hemos levantado ya preparados para aprovechar el tiempo… ¡y si que lo hemos aprovechado!

La primera parada ha sido en el Museo de René Magritte (8e la entrada). Tres plantas en las que hemos disfrutado con maravillas como L’empire des lumieres o Ceci n’est pas une pipe o… montones de obras preciosas. Hemos salido encantados y, como no, un poco cansados.  Eso si, imprescindible coger una audio-guía (4euros) para no expertos como nosotros. La nota curiosa, y extraña, nos la ha dado un vigilante que, al ver como escribíamos alguna de las citas que había en la expo ¡¡nos ha llamado la atención!! La sorpresa ha sido tal que no hemos ni discutido… en fin.

A la salida, contentos y hambrientos, y antes de ir a buscar el metro, no nos hemos resistido a probar nuestro primer gofre…mmm… sin palabras con ese chocolate caliente llenando sus celdas…

Nos ha salido un día precioso, con solecito, así que con el bono metro de 1 día entero (4,50e) hemos salido del centro para ver el Atomium. Una reproducción de un átomo de más de 160 metros sin duda espectacular y que vale la pena ver, ya que es uno de los iconos de la ciudad… pero no hay nada más que hacer allí, solo verlo y como mucho pagar por ver las vistas que hay desde lo alto. Nosotros hemos decidido volver al centro para comer algo.

De vuelta al centro, hemos parado en la plaza Ste. Catherine, donde había un enorme mercado navideño lleno de puestos de souvenirs y de comida con vino caliente, ostras, quesos, embutidos, crepes, gofres e incluso churros españoles. Además de los típicos tiovivos de aire antiguo o una enorme noria. El ambiente navideño inundaba la plaza.

No podíamos dejar de hacer también la visita obligada a la Grand Place, centro neurálgico de la parte vieja y una auténtica maravilla, sin duda una de las plazas más preciosas que hemos visto, con todos los edificios que la rodean entre los que destaca el ayuntamiento. Todas las calles alrededor de ella son miles de tiendas entre las que destacan las chocolaterías y cervecerías. A pocas calles hemos visitado el famoso y decepcionante Manneken Pis, una figurilla a la que, además, habían vestido con ropa deportiva porque hoy había una carrera. Nos han impactado mucho más las réplicas de chocolate…¡esas si que estaban para comérselas!

Y con esto nuestras piernas no daban para más, nos hemos hecho una cervecita belga y unas típicas patatas fritas para reponernos pero era tarde, no nos hemos recuperado, así que hemos vuelto al hotel desde donde os escribimos la mar de tranquilitos.

Mañana más, que es el último día del año y hay que aprovecharlo.

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